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REVISTA SINARQUÍA - Mexicanidad y Democracia

Es Hora de Sentarnos a Comer

ES HORA DE SENTARNOS A COMER…

 

La muerte es una mujer que busca amantes eternos

 

Como yucateco que se respeta, espero ansioso cada año la llegada del Hanal Pixán o comida de ánimas, para según la tradición, convivir con aquellas personas caras a nuestro afecto que han fallecido y que en estas fechas de noviembre, reciben permiso del Todopoderoso para visitar a sus seres queridos.

Soy consciente como cristiano que la creencia en la comida de ánimas, revela el sincretismo hispano-indígena que pervive en la región sureste del país y más que eso, el fondo de superstición y connotaciones idolátricas que subsiste en la efeméride. Pero me parece no implica afrenta alguna a nuestro credo católico, apostólico y romano, que mira con benevolencia y tolerancia, el cultivo de la tradición. Además, de alguna forma, en el fondo, la costumbre insiste en recalcar la esperanza de trascender y las promesas de salvación de Nuestro Señor.

Pero este año es especial. En esta ocasión no solo recibiré la visita de mis amigos como el padre Escalante, el padre Trujillo, Leobardo, don Nacho, doña Irma y su hermana doña Mimí. No solo disfrutaré de la presencia de mis abuelos Nico y Petita, Noni y Chana y de todos los demás parientes, amigos y familiares, sino que tendré la compañía de mi adorada Ivonne, a la que contaré los últimos sucesos, tendré al tanto de los chismes más recientes, podré presumir lo guapo y grande que se ha puesto Guillermito y sobre todo, podré sentir a mi lado, en todo lugar y momento, diferente al ámbito intangible de los sueños.

Este año me esmeraré en preparar un altar idóneo para la ocasión. Con los chocolates que tanto le gustaban. Donde haya lasaña y pan dulce, cafecito caliente y velas aromáticas. Me esmeraré en escoger la música que le gustaba. Vestiré mis mejores prendas, aquellas destinadas al domingo. Lustraré mi calzado hasta que deslumbre. Usaré la colonia de las grandes ocasiones y le abriré la puerta de casa con la misma unción y el mismo entusiasmo con que se suele disponer al amor.

¡Vendrás Ivonne! Sabrás que no te olvido. Podrás besarme cuanto quieras. Intentaré abrazarte y asirme de tu cuello. Seguramente me regañarás por el desorden y me sugerirás alinear los muebles de otro modo. Eso no cambiará nunca, mi adorada gruñona. ¡Vendrás Ivonne! Podré contarte mis tristezas, sabrás lo solo que me siento, conocerás mis nuevas perspectivas, aquellas que obstinadamente impido que se mueran…

¡Vendrás Ivonne! Lo inminente de tu llegada desata el mismo nerviosismo de antaño. Anhelo el momento de intuir tu figura dibujarse en el dintel, para deleitarme con tu perfume y decirte: ven, es hora de sentarnos a comer…

POST SCRIPTUM.-  Guillermito: estás francamente aterrador con tu disfraz de fantasmita y con el modo ominoso con que modulas la voz para asustar. Por vez primera conozco un espectrito cachetón. Te amo infinitamente hijito, estás guapísimo. Besos.

 

Dios, Patria y Libertad

Guillermo Barrera Fernández

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