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REVISTA SINARQUÍA - Mexicanidad y Democracia

BATALLÓN DE SAN PATRICIO

"Un sepulcro para ellos de honor..."

Francisco González Bocanegra

En las procelosas aguas de la historia nacional, nos hemos encontrado en multiplicidad de ocasiones con una serie de personajes de nacionalidad extranjera que han desempeñado papeles preponderantes en el devenir de los sucesos patrios, no todos ellos fastos por cierto (prueba de ello, es la tenebrosa figura de Joel Robert Poinsett, embajador norteamericano en México, con la encomienda de los grandes trusts esclavistas y de las logias masónicas de socavar los fundamentos de nuestra nacionalidad, misión que cumplió cabalmente y hasta la presencia de algunos yucatecos de infame memoria, entre los que destaca el execrable Lorenzo de Zavala, el mas perverso y deleznable traidor a la patria que haya visto la luz en este jirón del territorio mexicano). Merced a lo anterior, los habitantes de este país miramos con desconfianza y recelo a quienes habiendo nacido en otro sitio del planeta, se asientan entre nosotros y tratan de salir adelante (amén de que historiadores y comunicólogos de acentuado y trasnochado jacobinismo, se han encargado de atizar suspicacias de esta índole, ignorando que la gente que siendo oriunda de otros lares, decide adoptar como propia nuestra identidad y valores, es susceptible de amar y apreciar a nuestra patria, a veces con mayor intensidad que un nativo de estas tierras). Merced a lo anterior, es menester destacar la existencia de individuos que rompen el esquema consignado con antelación y cuya existencia, lamentablemente ha sido soslayada en los anales de nuestra nacionalidad. Me refiero concretamente al Batallón de San Patricio, unidad de artillería evadida del ejército norteamericano, debido a las similitudes que esta fuerza guardaba con su homólogo británico, que sojuzgaba entonces las verdes praderas de Erie: invasores de un pueblo mas débil y empobrecido, protestantes y arbitrarios. Aproximadamente un 45 por ciento de los integrantes del referido agrupamiento, eran de origen irlandés y en virtud de su catolicismo, se identificaron con nuestros compatriotas, decidiendo pelear hombro con hombro, para resistir la injustificable violación a la soberanía nacional. Al mando estaba el teniente Jhon Riley, que jugó un papel preponderante, motivando a sus hombres, estimulando la moral del batallón para pelear a favor de la causa de la libertad y entrenando a otros extranjeros (alemanes y polacos sobre todo) que vejados por causa de su religión católica, optaban por abandonar las filas del invasor yanqui y engrosar las de nuestras fuerzas armadas, atraídos por la promesa del gobierno de aquel entonces, de otorgarles tierras, que les permitieran arraigarse con firmeza y por supuesto, nuestra nacionalidad. Lo anterior, habida cuenta que habían sido llevados a Texas con argumentos falaces de parte de Sam Houston y Esteban Austin, pero que nunca fueron cumplidos, sufriendo a cambio, arteras y alevosas agresiones motivadas por la diversidad de sus creencias. El Batallón de San Patricio, participó activamente en la batalla de Monterrey, defendiendo con bravura el corazón de la urbe y rechazando "los colorados valientes" (como fueron cariñosamente motejados por los regiomontanos) en dos oportunidades, los asaltos del invasor al grito de "Irlanda por siempre", divisa del agrupamiento. A pesar de su valor y tenacidad, el general Ampudia, comandante en jefe de las fuerzas mexicanas, se desesperó y decidió pactar un armisticio con el general Taylor, quien mandaba las tropas intervencionistas, que estaba a punto ya de batirse en retirada. Los San Patricios, participaron destacadamente en los combates librados en Buenavista, Cerro Gordo, La Angostura (en esta contienda incluso fue otorgada a varios de sus oficiales, la Cruz de Honor de la Angostura, condecoración obtenida por méritos en combate, al causar cuantiosas pérdidas en hombres al enemigo y capturar dos cañones) y Churubusco, batalla que libraron transformados ya en cuerpo de infantería debido a una absurda determinación tomada por el presidente de la república en turno, el corrupto Antonio López de Santa Ana. En Churubusco, las tropas mexicanas se parapetaron tras los muros del convento y establecieron sus líneas de defensa tras los márgenes del río que surcaba los terrenos y pese la desventaja numérica y el superior armamento enemigo, opusieron férrea resistencia, en unión de los batallones Bravos e Independencia, al mando de los generales Manuel Rincón y Pedro María Anaya, hasta que una granada del invasor estalló contra la reserva de pólvora de nuestro ejército, dejando a nuestras fuerzas sin municiones para continuar la brega. El general Anaya, ordenó arriar la bandera para pactar la rendición, cosa que impidió el capitán Patrick Dalton, quien en unión de los integrantes del batallón Irlandés, prosiguió la lucha a bayoneta calada e incluso a puño limpio, consciente de la suerte que correrían en caso de ser tomados prisioneros. Consumada la derrota, los soldados de línea fueron ahorcados por las tropas yanquis, con el cadalso orientado hacia el castillo de Chapultepec, a efecto que vieran como el lábaro mexicano era arriado e izada la enseña de las barras y las estrellas para mayor escarnio. Los oficiales de la agrupación fueron flagelados y marcados con la letra "D" de desertor en las mejillas y condenados a trabajos forzados. Se sabe que Jhon Riley, obtuvo las tierras prometidas por el gobierno mexicano y se asentó en Veracruz donde murió. El ejército mexicano disolvió la unidad en el año de 1850. Los días 12 de septiembre (fecha de las primeras ejecuciones) y 17 de marzo (día de San Patricio, santo patrono de Irlanda) debemos recordar con gratitud a estos valientes, cuya memoria es evocada en la cinta "One Man`s Heroe" (Héroes sin Patria, protagonizada por Tom Berenger, Joaquim de Almeida y Daniela Romo) y cuyos nombres debieran estar con letras de oro en la sede del Congreso de la Unión, pero sobre todo, en el corazón de todos los mexicanos.

POST SCRIPTUM.- Guillermito: que el ejemplo de estos valientes siempre te guíe. Nunca permitas hijo mío, que nada ni nadie vulneren tu honor ni integridad. Tan mexicano es el que nace aquí, como el que habiendo visto la primera luz en otro sitio, decide por convicción, cobijarse bajo nuestra bandera. Rinde honor a la memoria de estos valientes soldados y si otros no reconocen sus méritos, hazlo al menos tú. Te amo profundamente. Besos

 

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