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REVISTA SINARQUÍA - Mexicanidad y Democracia

Sindicalismo y Economìa Solidaria

Red Latinoamericana de Economia Solidaria

Red Latinoamericana de Economia Solidaria

Autora: Altagracia Villarreal (Chilo)*

Nuevamente nos reunimos las Redes Internacionales Promotoras de Economía Solidaria en el Foro Social Mundial Policéntrico en Caracas, Venezuela. No fue solamente un encuentro e intercambio de experiencias, sino el espacio de articulación y coordinación "“ democrática, plural, respetuosa de las particularidades locales y regionales- de luchas y proyectos. Sin duda alguna nuevamente constatamos la integralidad de nuestra propuesta de Socioeconomía Solidaria en relación a los demás movimientos de Alterglobalización presente en el Foro Social Mundial.

Uno de los temas más debatidos fue la experiencia de los Ministerios de Economía Solidaria (Brasil y Venezuela), los que se crean en respuesta a las iniciativas que vienen de la sociedad, desde los movimientos sociales y/o políticos. En Brasil en el Ministerio de Trabajo existe la Subsecretaria de Economía Solidaria y en Venezuela esta el Ministerio de Economía Popular. Aglutinan la Economía Solidaria, desde las organizaciones populares, sindicales, cooperativas, reconociendo las diversas formas en que se expresa la Economía Solidaria que incluye a las cooperativas pero que va más lejos que ellas (primeros resultados del "mapeamiento"? en Brasil). La asignación presupuestaria a estos ministerios da cuenta de la naturaleza distinta de los dos procesos, aun cuando en el caso de Brasil las políticas públicas de Economía Solidaria pasan también por otros ministerios (Desarrollo Social, Trabajo, Desarrollo Agrario, Salud).

Partiendo de estas experiencias analizamos la necesidad de llegar a políticas públicas a favor de la Economía Solidaria y no sólo políticas de gobierno y menos políticas compensatorias o asistencialistas. En ese sentido se necesita de políticas públicas estructurantes de los sujetos sociales y emancipadoras que superen el clientelismo. Las políticas públicas que favorecen el crecimiento y desarrollo de la Economía Solidaria, no son las políticas asistenciales de "lucha contra la pobreza"? (paliativos al modelo neoliberal) sino las políticas que promueven desarrollo desde los espacios locales, desde la valoración de las capacidades de la gente, las familias, las comunidades, los territorios.

Esas políticas públicas deben tener en cuenta que las prácticas de Economía Popular Solidaria son profundamente disfuncionales al modelo neoliberal. De ahí la importancia que los estados promuevan la Economía Solidaria desde la lógica de ésta que parte de la centralidad de la persona humana, la prioridad del trabajo y la cooperación, de atender los derechos económicos sociales y culturales de las personas, sus familias y las comunidades.

Las políticas públicas deben ser transversales en tanto que la Economía Popular Solidaria implica el conjunto de dimensiones de la vida. De ahí la importancia de interacción con todos los sectores públicos sin dejar de lado la prioridad de los sectores de trabajo, educación, salud, vivienda y por supuesto las políticas económicas (Ministerio de Economía y Finanzas).

Existen ya experiencias de políticas públicas descentralizadas a favor del desarrollo de La Economía Solidaria, como por ejemplo a nivel de las municipalidades. Pero esto requiere de una movilización desde las comunidades locales. De ahí la importancia del trabajo en red.

Quedan dos cosas por hacer: Consolidar y fortalecer al movimiento de Economía Solidaria y buscar caminos para la alianza con otros actores y con los gobiernos, a condición que los gobiernos entiendan que los actores de la Economía Solidaria son ciudadanos de pleno derecho y no solo beneficiarios.

La Economía Solidaria puede inspirarse de los pueblos originarios de América Latina y en sus valores ancestrales, tales como: la tierra, casa común de la humanidad; la vida humana integrada a los ecosistemas; concebir a la persona y a la comunidad como parte del universo; construir a partir de la historia de los pueblos y de su cosmovisión; valorar el trabajo humano; compartir la tecnología y los saberes; utilizar colectivamente las potencialidades; formas de acumulación de sabiduría colectiva más que de riqueza material.

Algo nuevo y significativo, dentro de este sexto Foro, fue la reunión con el Ministro de Economía Popular del gobierno de Venezuela, Elías Jaua Milano, y los/as representantes de las Redes Latinoamericanas de la Socioeconomía Solidaria.

Algunos de los puntos tratados fueron acerca del Nuevo modelo socio-productivo y desarrollo endógeno que lo orientan a promover una dinámica que parte de las potencialidades propias de cada comunidad, y que se orienta a impulsar el beneficio colectivo y el desarrollo local.

Para ello, proponen estrategias integrales de articulación entre los diferentes actores socio-económicos, hacia la creación de una estructura productiva eficiente y diversificada, social y ambientalmente sustentable, sujeta a las prioridades e intereses estratégicos locales y a los objetivos nacionales de desarrollo. De este modo, en lugar de dictar las prioridades públicas, la demanda externa pasa a ser supeditada al beneficio que de ella se derive para el desarrollo local.

Representa un paradigma totalmente nuevo, al colocar la prioridad en los valores, capacidades y vocaciones productivas propias de cada comunidad y su desarrollo humano, en lugar de subordinarlo a los valores económicos, los imperativos de la competitividad y el mercado externo.

Para concretizar estos principios, se creó, La Misión Vuelvan Caras, que es el instrumento de vanguardia en la lucha contra la pobreza y la plena inclusión de las comunidades excluidas de las dinámicas socio-productivas. Y han establecido también Núcleos de Desarrollo Endógeno como instrumento de integración de redes y articulaciones con el gobierno revolucionario

A nivel regional, propone a los Pueblos latinoamericanas la integración política y cultura solidaria por encima de la integración económica, para avanzar hacia un eje continental de desarrollo que permita la superación de la dependencia estructural; nuestra articulación en torno a las identidades populares latinoamericanas, y la creación efectiva de un orden mundial multipolar y justo, basado en relaciones de mutuo intercambio. A su vez, propugna un modelo de cooperación internacional centrado en los intereses de los países del Sur, por medio de los convenios de transferencia tecnológica, cooperación solidaria y horizontal, y alianzas estratégicas en torno a intereses de desarrollo comunes. En relación a esto nos compartió como lo han ido realizando, estableciendo convenios entre países como con Cuba con los que se realiza transferencia de petróleo y a cambio se envían 20,000 médicos cubanos. Con Argentina el trueque es con carne, con Brasil es con granos y otros alimentos y siguen avanzando en la integración regional entre países.

Esta entrevista, que fue la última actividad que realizamos juntas todas las redes, nos llenó de esperanza.

Sí hay posibilidades de ir construyendo otras relaciones, otras políticas públicas y de esta manera OTRO MUNDO ES POSIBLE Y YA LO ESTAMOS EMPEZANDO A VIVIR.

Notas

* Representante de la Coalición Rural México, A.C. (organización binacional México-EU), y participante en el Consejo Mexicano de Empresas de la Economía Solidaria, A.C.

Artículo publicado originalmente en la Revista CHRISTUS, Marzo-abril 2007, No.759 y reproducido con permiso de Mario Monroy

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Contra el Globalismo ( Tierra y Pueblo)

Contra el Globalismo ( Tierra y Pueblo)
CONTRA EL GLOBALISMO, REFLEXIONES Y NUEVAS ESTRATEGIAS




Hábitat, identidad, sociabilidad: puntos de referencia para una perspectiva estratégica.
Es tiempo de refutar esquemas gastados (manidos) y de recorrer nuevos caminos.

Al lenguaje todo detalle tiene su importancia, sobretodo la elección de los elementos significativos. “globalización” y “mundialismo” son términos a veces sobrepuestos o incluso confusos, que en cambio indican aspectos distintos no obstante estén en el ámbito del mismo fenómeno.
La globalización (corporate globalization) nos parece se puede definir como “proceso de liberalización de los intercambios economíco- financiarios dirigido a la constitución de un mercado único planetario”.
El mundialismo (global governance) creemos que se puede definir como “proceso de homologación socio-cultural que afirma la hegemonía del pensamiento único neoliberal como modelo universal y
tiende a la constitución, con formas no necesariamente explícitas, de un dominio mundial.
Ambos procesos se valen de nuevas potentes tecnologías, sobretodo en el campo crucial de la comunicación. Ambos son difundidos: por medio de la manipulación mediática y la corrupción económica por más que suficiente, por medio la presión financiera y la fuerza militar por más que necesario.
Se trata de procesos complementarios y relacionados, cada uno de los cuales no sería pensable sin el otro. Para evitar equívocos, nos referiremos por lo tanto al globalismo como a la sumatoria (suma) dinámica de los dos procesos (globalización y mundialismo) distintos pero indispensables.
Se podría decir, bajo un cierto perfil, que el inicio de los procesos globales haya coincidido con el lanzamiento mismo del capitalismo, cuya compulsión a la metástasis, como en el cáncer, es congénita: la expansión por todo medio en cualquier espacio es de hecho una tendencia constante en el desarrollo histórico del sistema capitalista.
Más específicamente, sin embargo, el frenético proceso difusivo en el cual son reconocibles los caracteres del actual globalismo tiene inicio en el último ventenio del siglo XX y manifiesta sus primeros efectos en la época de la presidencia Reagan en los Estados Unidos (1981 – 1989) y del ministerio Thatcher en Gran Bretaña (1979 – 1990): lugares y personajes significativos. Ambos Estados son las históricas guaridas del economocentrismo con inclinación mercantilístico-financiaria, y ambos individuos son ajenos a la política en el sentido del “noble” arte del gobierno del Estado: uno ha sido actor cinematográfico de poca notoriedad antes de hacer aprendizaje como gobernador de California, la otra es hija de un vendedor de fruta. Según la teorética liberal-liberista el Estado debe hacer cuanto menos política posible y sobre todo no debe sustituirse a los centros de decisión económica. Su despolititación es la premisa indispensable de la vuelta al revés en la jerarquía de las funciones dirigida a subordinar lo público a lo privado, lo comunitario a lo individual, las mismas instituciones impersonales al imperativo económico de la empresa: los círculos industriales y financieros, las multinacionales que se transforman en empresas globales, los centros de poder a veces ocultos que dependientes de tal sistema de intereses, se apoderan directamente del Estado para vaciarlo de sus prerrogativas esenciales, y no ciertamente para trasladar éstas a comunidades libres autogobernables. Es en cambio la función económica a que se aparta de la tutela de la política y coloca a sus testaferros, en este caso, al mando de las máximas potencias capitalistas mundiales.
En la época Reagan-Thatcher comienza el gran asalto al welfare state de tradición típicamente europea, avanza con ímpetu el financieramiento de la economía y sobre todo, en 1986, a través del G7, es introducida la desreglamentación financiaria global. Despega en resumen lo que el mismo Edward N. Luttwak, entendido en la materia, ha definido “capitalismo sobrealimentado”, o “turbo-capitalismo”: la quinta esencia del globalismo.
Las consecuencias están hoy delante de nuestros ojos: un neo-colonialismo fundado en la usura institucionalizada en los siervo-organismos globalistas (World Bank, World Trade Organization, International Monetary Fund, etc.), verdaderas mutaciones antropológicas generadas por el pensamiento totalitario neoliberal; agresiones militares desencadenadas contra los reacios al nuevo orden mundial. Y después la destrucción del medio ambiente, el loco ataque a la identidad de los pueblos, la explotación neo-esclavista del trabajo e incluso también el infantil.
En el curso de la gran ofensiva globalista el crimen organizado se ha globalizado también y ha penetrado en profundidad en los sistemas económicos y políticos, incluso en Estados importantes. Al reciclaje del dinero sucio y al tradicional contrabando de armas y droga, ha sostenido el tráfico de clandestinos y de la mano de obra esclavizada. Además ha invertido enormes sumas en el sector inmobiliario, en el estratégico de los medios de comunicación y en el esencial del crédito. Entre gobernantes, especuladores y padrinos de la mafia hay a menudo establecidos ligamenes orgánicos. Y algunas veces los criminales han infiltrado sus propios hombres en los mismos aparatos de gobierno, asumiendo en algunos casos el control.
En la compleja acción de oposición al globalismo consideramos sean destacables algunos aspectos prioritarios.
1) En materia de ambiente se combate una batalla fundamental contra el economocentrismo que es la raíz del globalismo. Ésta no puede utilísticamente limitarse a la “contención del daño” sino que debería más bien desarrollarse sobre tres líneas distintas y correlacionadas:
- tutela y vivificación del carácter sagrado, en sentido anagógico, del medio ambiente en todos
sus componentes vivientes y no vivientes;
- salvaguarda del paisaje, en cuanto a factor contitutivo esencial de la identidad étnica, contra el afeamiento y el saqueo economicista: lucha a la especulación inmobiliaria, a las “grandes obras” de devastación, a la deforestación, a la canalización de las aguas, a la utilización industrial, etc.:
- oposición a todo campo de la explotación ambiental, sobre todo si privado y lucrativo, por sus desastrosas consecuencis prácticas (efecto invernadero, desertificación, modificaciones climáticas, inundaciones, polución atmosférica, etc.).
Dentro de estas líneas principales de referencia se colocan elementos más específicos y articulados de la acción ambientalista, que preferiremos no atribuir al apelativo de la “ecología” (la segunda parte del término compuesto deriva del griego ???o? y específicamente significa discurso, estudio) sino más bien a aquel de la “ecofilia”, osea del amor por la propia morada (????? = vivienda + f???a = amor).
2) Un ámbito esencial de la lucha antiglobalista es aquel cultural-identitario. El desarraigo de los pueblos y la cancelación de las identidades está en la misma naturaleza del globalismo, que prospera allí donde gentes atontadas y amorfas, sin ningunas tradiciónes ni valores de referencia, se dejan dócilmente estandarizar, more armentorum, al pensamiento único y al consumo global.
La invasión de Europa por parte de los así llamados “inmigrantes”, una Völkerwanderung sin precentes en época moderna, no procede de la atracción del modelo occidental (como impúdicamente sostienen los defensores de su pretendida “superioridad”), más bién de la hábil promoción que los globalistas mismos realizan, reduciendo a las gentes al hambre y a la desesperación por un lado, y seduciéndole por el otro con el espejismo, instalado por vía televisiva, de un luminoso futuro en el país de las jaulas. En Europa, los llamados “inmigrantes” en realidad cumplen, con gran ventaja para los globalistas, una doble función de devastación: de una parte funcionan como reserva de mano de obra a ínfimo coste, utilísima para subversión del mercado del trabajo y para acometer contra la renta y condiciones de vida de los trabajadores europeos; de la otra parte constituyen un factor objetivo de desnaturalización de la identidad étnica, utilísimo para abatir el bastión inespugnado de una Kultur multimilenaria en la chusma indistinta del melting pot. De aquí el derecho inalienable de los pueblos de Europa a la autotutela étnica, osea a la salvaguarda de la propia cultura y de la propia tradición, claro está sin ninguna presunción racista de superioridad. Pero por otra parte, como subraya Alain de Benoist, “quien calla acerca del capitalismo no debe lamentarse de la inmigración”.
La identidad es en otro sentido el presupuesto básico esencial de una necesidad de autogobierno, que no sea meramente instrumental a las convulsiones poujadisticas de quien anhela sustraerse a las imposiciones tributarias independientemente del uso que viene dado de los recursos derivados (mientras sin embargo reivindica servicios y ventajas), o a los saqueos de quién ansía enriquecerse con cualquier medio, lícito o ilícito; sino más bien fundamentándose sin duda en una concepción democrática y comunitaria de las relaciones sociales, que apoye sobre la relación directa de libertad y derechos con responsabilidades y deberes. A la cual la naturaleza antiglobalista, ya en el plano estrictamente antropológico, es consubstancial.
3) El tema social ocupa una importancia central en la oposición al globalismo. Este último se caracteriza por un darwinismo social basado en el paroxismo economicista, sobre el enpobrecimiento de los pueblos, sobre la desestabilización y sobre la subversión de las relaciones sociales a beneficio de una casta innoble y depravada constituida en el fundamentalismo del dinero. La llamada nueva economía, el centralismo de la Bolsa, el Finanzkapitalismus, son los instrumentos modernos de esta guerra social. El globalismo propone e impone modelos de consumo superficiales y nocivos. Disminuye la “pobreza absoluta” ampliando los mercados y multiplicando los beneficios, mientras tanto extiende, en la misma medida, la tenaza de la pobreza relativa y reduce de esta forma a un estado de permanente precariedad, en la carencia de sólidas pespectivas existenciales y familiares, millones de jóvenes en Europa y otros lugares. Llama con el nombre de “privatización” al robo de los servicios de interés público, que realiza con la llamada subsidariedad horizontal propulsora del lucro individual, mientras que obstaculiza cualquier forma de subsiedariedad vertical, de autogobierno del territorio, puesto que es la aprobada por el interés comunitario. Plutocrátas, usureros y explotadores son elevados a artífices socio-antropológicos esenciales en los procesos globalistas. La justicia social, al contrario, es un elemento base de la misma identidad europea, cuya afirmación constituye un objetivo irrenunciable de la lucha antiglobalista.
Aspiramos podernos ocupar, fundamentalmente, de nosotros mismos (Wir selbst), no cultivando la perversa ambición de extender nuestros modelos tradicionales a la entera ecúmene. Justo por esto, dado que otros en cambio quisieran ocuparse de nosotros en lugar nuestro y malgré nous, advertimos la necesidad de mirar a nuestro alrededor y de extender por cuanto sea posible la resistencia, que reducida en ámbito local sería probablemente dominada.
El globalismo no es un destino ineludible, como sostiene la insistente propaganda de sus partidarios. En contra suya se ha levantado un poderoso movimiento antagonista, una red compuesta, diversamente formada, no privada a veces de contradicciones, pero que tiene el mérito de la iniciativa y de la acción.
En el mare magnum del movimiento anti-globalista, al lado de tendencias francamente poco condivisibles (¿), fermentan reflexiones nuevas, y diversas, que reabren el debate, y por lo tanto a una posible reconsideración, factores ya considerados inamovibles. Neo-comunitaristas, ambientalistas radicales, animalistas, bio-regionalistas, partidarios de la agricultura campesina, identitarios, autonomistas, exponentes de movimientos de liberación y muchos otros más participan a la resistencia en primera línea y contribuyen de esta manera a conferir un auténtico rasgo postmoderno a un movimiento que algunos quisieran en cambio instrumentalizar y englobar según los cánones consentidos en los esquemas de la politique politicienne. El antiglobalismo está de hecho caracterizado por numerosos elementos que poseen un propio alcance intrínseco y políticamente “neutro”, y que por lo tanto no encuentran adscripción en las taxonomías politiqueras. La línea de la discriminación no pasa entre aclaraciones homologadas, ésta más bien distingue quien se opone sólo a “un cierto tipo” de globalismo de quien es contrario al gobalismo como tal, bajo el presupuesto que no exista una versión “buena”. No vemos razones que impidan una convergencia y un entendimiento estratégico entre todos aquellos que se reconocen en esta última posición.
En el terreno del anti-economicismo, en particular, puede desintegrarse la osificada homologación política de las categorias de referencia. El cuadro de las tendencias, de los valores de referencia, de la proyección cultural y social puede resultar provechosamente confundido. Los esquemas, y entre ellos el de “derecha-izquierda” típico del parlamentarismo representativo, es, a estas alturas, sólo instrumental al sistema, pueden descomponerse y recomponerse en nuevas formaciones. En el rechazo de un reacionarismo grosero y de un progresismo miserable la lucha de resistencia al globalismo puede verdaderamente forjar una mentalidad persuasora, si logrará encaminar hasta el fondo nuevas vias, si será capaz de ser al mismo tiempo, en espíritu y acción, conservadora por lo oportuno y revolucionaria por necesidad:
National freedom, Social justice, Cultural identity

Juicio Sobre el Neoliberalismo

Juicio Sobre el Neoliberalismo

Pedro Casaldáliga


 

 

El gran desafío para cualquier conciencia humana, y evidentemente para toda acción pastoral, es, sin duda, el neoliberalismo, ese sistema, ahora único y señor, y que se cree definitivo, el "no va más" de la historia humana. No soy especialista ni en política ni en economía ni en sociología, pero quiero compartir, humanamente y cristianamente, con ustedes ese desafío mundial.

Para salir al paso de cualquier ingenuidad, es bueno recordar que el neoliberalismo es capitalismo puro; más aún, es el capitalismo llevado a las últimas consecuencias. No es sólo el capital sobre el trabajo, sino el capital contra el trabajo; trabajo que sería un derecho de todos y que está siendo prohibido a una mayoría creciente, por obra del desempleo. El lucro por el lucro, que en el capitalismo neoliberal se constituye en el mercado total y omnipotente, haciendo de la misma humanidad una compraventa. La propiedad privada, cada vez más privatista y privatizadora: el neoliberalismo es el capitalismo de la exclusión decretada para la inmensa mayoría de la humanidad. Siempre el capitalismo impidió a muchos «tener», a la mayoría; hoy el neoliberalismo le impide «ser» a esa mayoría inmensa. Hablábamos de tres o cuatro mundos. Para el sistema neoliberal el mundo se divide redondamente en dos: los que tienen y cuentan y pueden vivir bien, y los que no tienen y no son y, por lo mismo, sobran.

El capitalismo que podríamos llamar más tradicional se apoderaba de los estados y capitalizaba encima de ellos. El capitalismo neoliberal propugna e impone la estructura del estado mínimo. Con lo cual, de hecho, acaba negando la misma sociedad. Un mundo, con sus países, sin unos estados auténticamente representativos y garantes de los espacios, oportunidades y armonía de convivencia para los ciudadanos y ciudadanas, ya es un mundo sin sociedad. Y sin futuro también. El neoliberalismo es tan homicida como suicida. A los países de ese otro mundo, el tercero, les queda el desempleo, el hambre, la violencia.

Una violencia que es reacción muy explicable de seres estructuralmente violentados. En nuestros países pobres la economía informal ya era aproximadamente el 70 % de la economía. Hoy día la violencia ha pasado a ser una nueva economía de sobrevivencia. Para el primer mundo, también, el creciente desempleo y la dramática perspectiva del sinsentido. Y para ambos mundos la marea incontrolable de la migración. Ya, analistas muy sensatos del futuro próximo, han definido el siglo XXI como el siglo de las migraciones. «Los nuevos bárbaros» habremos de invadir el nuevo imperio. O se le da espacio a la humanidad o la humanidad se lo toma.

Y esa iniquidad toda del neoliberalismo, supuestamente acabadas las alternativas, las utopías, la socialización humanizadora, entraña la iniquidad de una impunidad total. A nadie ha de rendirle cuentas. Teóricos o teólogos, digamos, de esa religión-idólatra del mercado total, han tenido el coraje de aceptar que un 15 % de la humanidad tendrá de hecho el derecho de vivir y de vivir bien. La humanidad restante sobra. Un maltusianismo economicosocial definitivo. El Dios de la vida, PadreMadre de toda la humanidad, calculó mal, se empeñó ingenuamente y habrá de ceder su puesto a ese otro Dios de las minorías y... de la muerte.

Para nosotros, el neoliberalismo es esencialmente inicuo, es pecado, pecado mortal, porque mata. Un juicio simplemente humano y con mas razón si es cristiano, sólo puede condenar de raíz el neoliberalismo, su filosofía y su práctica. No negamos, evidentemente, el derecho y hasta la necesidad del mercado. Siempre, a su modo, la humanidad, lo ha ejercido. Negamos, eso sí, la primacía y la totalidad del mercado. Ser humano no es solamente comprar o vender. El lucro a toda costa y sin otras consideraciones y el consumismo desenfrenado matan físicamente a los que no tienen acceso, y matan moralmente a los supuestamente beneficiados. Pero además destruyen el entorno humano. Son antiecológicos por definición.

Para la fe religiosa, la humanidad posee una genética divina. Está destinada a la vida. Y para la fe religiosa, el universo, con sus potencialidades, es una casa común: la oikos de todos los hijos e hijas del único Dios Padre-Madre. Tener fe en ese Dios de la vida y en su proyecto para la humanidad, necesariamente exige una total rebeldía frente a ese sistema excluidor, homicida y ecocida.

Yo vengo propugnando el macroecumenismo, aun a sabiendas de ciertas susceptibilidades, y no precisamente para prescindir de mi identidad cristiana y católica. Creo en el macroecumenismo porque creo en el Dios único, Presencia, Llamado y Encuentro en todas las religiones. A partir de un macroecumenismo vivido con lucidez y sinceridad, es evidente que las grandes Causas de la humanidad se tornarán nuestras Causas. Porque son las Causas de Dios. Los derechos humanos son derechos divinos. En cristiano, la gran Causa de Jesús: el Reino, que es el proyecto de Dios para la humanidad.

La teología de la liberación, precursoramente, salió al paso del neoliberalismo al proclamar la opción por los pobres y sus causas como la opción de la iglesia, y el criterio ético para la sociedad. Se ha repetido mucho la afirmación del Papa Juan Pablo II acerca de la teología de la liberación. Es bueno recordar que la teología de la liberación nunca fue comunista; que el muro de Berlín nunca fue la cátedra de la teología de la liberación; y que el neoliberalismo sí es el mayor muro que la humanidad haya levantado entre una minoría de privilegiados y la mayoría de los excluídos.

Acerca de la vigencia de la opción por los pobres y de la teología de la liberación basta reconocer que hay pobres, cada vez más numerosos y cada vez más pobres; confesar todavía al Dios de los pobres y a su hijo Jesús, que los proclamó bienaventurados; y pensar en la relación entrañable que existe entre esos pobres y ese Dios, entre los pobres y el evangelio.

¿Qué queda de la opción por los pobres? ¿Qué queda de la teología de la liberación? Son dos preguntas que se van haciendo impertinentes. La respuesta es más que sencilla, insoslayable: mientras exista el Dios de los pobres y haya pobres en el mundo y haya cristianos y cristianas que opten por ese Dios y por esos pobres, y haya cabezas cristianas que piensen la relación que existe entre los pobres y el Dios del evangelio habrá opción por los pobres y la teología de la liberación. La opción por los pobres no es, para la iglesia de Jesús, una opción facultativa, o una más entre otras: es la opción históricosocial de la iglesia, la versión político-económica del mandamiento del amor.

Yo recordaba estos días las tres autodefiniciones de Dios:

-«Yo soy el que te saqué de Egipto», dice el Señor en el libro del Éxodo (20, l). Yo soy el Dios de la liberación.

-«Yo soy el que iréis viendo cómo soy» (Ex 3, 14). Yo soy vuestro futuro, soy la utopía de la humanidad.

-«Dios es amor» o traducido más exactamente, «Dios consiste en amar» (1Jn 4, 16). Dios es la solidaridad.

Estas tres autodefiniciones divinas serían simultáneamente la más radical condenación del neoliberalismo, de la esclavitud del mercado, del fin de las utopías, y de la insolidaridad; y al mismo tiempo serían la garantía suprema de la esperanza de los pobres, en esta noche oscura que les quiere negar hasta el espacio de la sobrevivencia; y la confirmación revelada de la teología de la liberación y de la política alternativa de la solidaridad, la participación y la igualdad fraterna.

Hablo de la iglesia de Jesús, de las iglesias cristianas, y quisiera hacer constar que posiblemente sea ése el primer desafío: la vivencia y la expresión en el mundo actual de un ecumenismo real. La unidad de los cristianos no es sólo una especie de condición reconocida por el propio Jesús, diríamos, «que todos sean uno para que el mundo crea», sino también una condición sacramental para que el mundo viva. Si alguna misión tiene la iglesia en este mundo es, sin duda alguna, la de anunciar y practicar la filiación divina y la fraternidad y sororidad humanas.

A lo largo de la historia la iglesia de Jesús muchas veces no ha sabido ser la diakonía que Jesús soñaba: ser proximidad, hacerse prójimo de los caídos a la orilla del camino de la sociedad; anunciar la buena noticia a los pobres y liberar a los cautivos; dar de comer, vestir, humanizar... El terrible antitestimonio de las diferentes guerras cristianas y las muchas cruzadas conquistadoras, así como el ansia de poder, el lujo y la insensibilidad frente a las injusticias institucionalizadas, dejan a la iglesia con una «deuda externa» cuya cancelación sería el paso previo para su credibilidad y para una evangelización verdaderamente nueva y eficaz.

Uno puede temer, justamente, que la historia futura condene a la iglesia de hoy por no manifestarse con gallardía profética frente al neoliberalismo, como ya ha sido condenada la iglesia de ayer por no haberse pronunciado debidamente contra los colonialismos en América Latina, en Africa o en el continente asiático, y, muy particularmente, contra la esclavitud del pueblo negro.

Pienso que como iglesia sufrimos una multisecular esquizofrenia, la dicotomia entre la fe y la política, entre la caridad y la economía, entre la escatología y la historia. En el fondo no acabamos de creer en la encarnación histórica de Dios, en esa unidad de lo humano y lo divino en la figura de Jesús de Nazaret.

El paradigma programático más actual y siempre más evangélico para la iglesia de ese Jesús debería ser la evangelización liberadora, comunitaria e inculturada. En nuestro Continente, por la gracia de Dios, por la sangre de nuestros mártires la iglesia de América latina ha sabido, en teoría por lo menos, proclamar esa evangelización inegral.

A partir del Concilio Vaticano II, y ubicando en nuestra hora y en nuestro lugar los signos de los lugares y de los tiempos, los tres grandes concilios continentales de Medellín, Puebla y Santo Domingo, asumieron, respectivamente, la opción por los pobres, la comunidad como «comunión y participación» y la inculturación.

En una versión muy lúcida y práctica, la iglesia de Brasil en concreto, y no solamente ella, ha ido traduciendo ese programa renovador en las comunidades eclesiales de base, en las pastorales específicas, en la multiplicación y diversificación de los ministerios y en programas nacionales de respuesta a situaciones de emergencia o a reivindicaciones populares.

La «campaña de la fraternidad» que la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil viene organizando desde el año 1964, tuvo como lema en 1996 «Fraternidad y Política», y su lema fue la hermosa utopía del salmo 85: «La Justicia y la paz se abrazarán». Sólo con leer los temas y lemas de esas treinta y tres campañas anuales, ya se percibe la voluntad de encarnar la fe y de hacer social el amor.

A raíz de la famosa afirmación del Papa, en el avión en que venía a Centroamérica sobre la teología de la liberación, me llamó un periodista de México para preguntarme si ya había muerto de verdad esa teología. Yo tenía en las manos, precisamente, el texto base de esa campaña de la fraternidad brasileña: todo él es pura teología de la liberación, en su contenido y hasta en su metodología de ver, juzgar y actuar.

Por cierto que, el mismo Papa, en otro vuelo hacia América Latina, acosado por los periodistas, respondió categóricamente: «Yo también soy teólogo de la liberación». Y, en aquella carta ya histórica que el mismo Papa envió al episcopado brasileño en una ocasión de alta emotividad, Juan Pablo II afirmaba que «la teología de la liberación es no solamente oportuna sino útil y necesaria». El Concilio Vaticano II quiso ser el aggionarmento, la renovación moderna de la iglesia semper renovanda (que siempre ha de renovarse). Desgraciadamente para algunos, el Vaticano II fue un inoportuno soplo del Espíritu, o ya habría pasado también de actualidad. El gran teólogo Rahner pensaba, por el contrario, que nos llevará un siglo para implementar ese pentecostal concilio.

Pues bien, esa constante renovación, la renovación mayor de la iglesia, solamente se dará en la medida en que ella se vaya convirtiendo al Dios de la Vida y de la historia revelado en Jesucristo, y a los excluidos de la historia y de la vida, crucificados con Él; en la medida en que también ella sepa que está en el mundo no para condenar al mundo sino para salvarlo. Con una salvación integral, que es liberación total.

 

 

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Economìa Solidaria: Una autèntica revoluciòn econòmica

http://www.youtube.com/watch?v=UL8wjLZi3tk

 

¿QUE ES LA ECONOMÍA DE SOLIDARIDAD?


La economía solidaria o economía de solidaridad es una búsqueda teórica y práctica de formas alternativas de hacer economía, basadas en la solidaridad y el trabajo.


El principio o fundamento de la economía de solidaridad es que la introducción de niveles crecientes y cualitativamente superiores de solidaridad en las actividades, organizaciones e instituciones económicas, tanto a nivel de las empresas como en los mercados y en las políticas públicas, incrementa la eficiencia micro y macroeconómica, junto con generar un conjunto de beneficios sociales y culturales que favorecen a toda la sociedad.



1.1. La economía solidaria es una respuesta real y actual a los más graves problemas sociales de nuestra época:



- La pobreza, la exclusión y la marginación que afectan a multitudes de seres humanos, sectores sociales y pueblos enteros en diversas regiones del mundo.


- La desocupación y la cesantía de porcentajes elevados y crecientes de la fuerza de trabajo.


- Los límites e insuficiencias de la muy extendida economía informal o popular, que puede potenciarse y encontrar en la economía solidaria cauces apropiados para una mejor inserción en los mercados. La economía solidaria ha demostrado en muchos casos ser una alternativa capaz de conducir organizadamente a muchos trabajadores informales, a operar con mayor eficiencia, permitiendo la reinserción social y el progreso de vastos sectores que despliegan de modo independiente iniciativas que les generan ingresos y elevan su precario nivel y calidad de vida.


- Las enormes y crecientes injusticias y desigualdades sociales que genera el sistema económico predominante, que se traducen en procesos de desintegración de la convivencia social, conflictos que se prolongan sin solución apropiada, ingobernabilidad y desafección ciudadana, acentuada delincuencia y corrupción, etc. Siendo la economía de solidaridad una forma justa y humana de organización económica, su desarrollo puede contribuir eficazmente en la superación de esta serie de graves problemas que impactan negativamente a nuestras sociedades.


- La situación desmedrada en que en muchos países se encuentra la mujer en el ámbito del trabajo y de la economía, dificultada de acceder y de participar de manera protagónica en las actividades y organizaciones económicas, sociales y culturales. La economía solidaria ha demostrado ser una de las formas en que la mujer y la familia encuentran nuevas y amplias posibilidades de participación, desarrollo y potenciamiento de sus búsquedas basadas en la identidad de género.


- La crisis de las formas cooperativas, mutualistas y autogestionarias tradicionales, desde la cual se percibe la economía de solidaridad como un camino apropiado de renovación y refundación de las búsquedas de formas económicas asociativas y participativas que pongan al hombre y la comunidad por sobre las cosas y al trabajo por sobre el capital.


- El deterioro del medio ambiente y de los equilibrios ecológicos, derivados en gran parte de modos individualistas de producir, distribuir, consumir y acumular riqueza. La economía solidaria orienta hacia nuevas formas de producción y consumo, social y ambientalmente responsables.




1.2. La economía solidaria es un gran proyecto de desarrollo, transformación y perfeccionamiento de la economía:


- Cuando con serias y profundas razones muchos hoy día cuestionan la conveniencia e incluso la posibilidad de continuación del crecimiento económico, en las formas actualmente vigentes, la economía de solidaridad postula un nuevo tipo de desarrollo, alternativo, integral, a escala humana, sustentable, con énfasis en lo local. Otro desarrollo supone otra economía, y esa otra economía para un nuevo tipo de desarrollo puede ser la economía solidaria, o al menor, constituir un componente que efectúa una contribución importante en esa dirección.

- Cuando el "sistema" capitalista parece haberse implantado como el modo único de organización económica eficiente, no obstante sus enormes costos sociales y ambientales; cuando los proyectos socialistas basados en el Estado y la planificación han fracasado en su intento de establecer una economía justa y humana; cuando los motivos que históricamente fundaron los grandes movimientos de cambio social con sentido de justicia y equidad siguen vigentes, no encontrando sin embargo propuestas nuevas y alternativas que los encaucen; cuando las energías sociales y espirituales orientadas a la transformación social y que buscan formas éticamente superiores de organización económica, centradas en los valores de la justicia, la equidad, la libertad, la fraternidad y la comunidad, se encuentran desorientadas frente a una realidad adversa que parece tan imposible de cambiar; cuando cunde la desesperanza y se difunde la convicción de que "más de lo mismo" no conducirá a la humanidad hacia nuevos horizontes; en este difícil contexto histórico, que no son pocos los que conciben como una verdadera crisis de civilización, la economía de solidaridad aparece como el único modo nuevo de pensar y de proyectar procesos transformadores eficaces y profundos, en condiciones de concitar la conciencia y la voluntad de los más vastos sectores que anhelan una vida mejor y una sociedad más humana y convivial.

- Cuando se hace presente con urgencia la necesidad de un perfeccionamiento de la economía, tanto a nivel de las empresas, de la organización de los mercados, de las políticas públicas, de los procesos de globalización, etc., la economía de solidaridad se ofrece como una realidad y un proyecto capaz de contribuir al perfeccionamiento de la economía en el tiempo, con orientaciones, criterios, metodologías y modelos organizativos nuevos y eficientes.



1.3. La economía de solidaridad es un proceso real en el que convergen las búsquedas de variados y múltiples sectores y grupos.


- Grupos populares y organizaciones de base, que se organizan solidariamente para hacer frente a sus necesidades y problemas.


- Personas de todos los grupos sociales que quieren desarrollar iniciativas empresariales de nuevo tipo, eficientes y que sean acordes con un sentido social y ético que se proponen establecer en sus actividades.


- Movimientos cooperativos, mutualistas y autogestionarios, que encuentran en la economía de solidaridad una nueva perspectiva y nuevos conceptos que llegan a potenciar sus experiencias.


- Organizaciones y movimientos ecologistas, que descubren que los problemas del medio ambiente son causados por formas económicas y de desarrollo insolidarias.


- Pueblos originarios que luchan por recuperar su identidad, y que encuentran en la economía solidaria una forma económica moderna en que se aplican y viven valores y relaciones sociales acordes con sus culturas comunitarias tradicionales.


- Empresarios que quieren compaginar eficiencia y solidaridad, y que aspiran a establecer en sus empresas modalidades armónicas de convivencia humana.


- Organizaciones no-gubernamentales que se proponen objetivos de desarrollo humano y social, y que aspiran a contribuir con nuevas iniciativas y experiencias a procesos de desarrollo local, alternativo, sustentable.


- Instituciones públicas y poderes locales preocupadas de los problemas de la pobreza y la desocupación, y que ven en la economía solidaria una manera eficaz de abordarlos.


- Instituciones religiosas que conciben la economía solidaria como una forma de hacer economía coherente con sus orientaciones espirituales y éticas, y como formas eficaces de generar espacios de desarrollo humano y social.


- Intelectuales de variadas disciplinas que buscan nuevas respuestas a los grandes problemas sociales de nuestra época, nuevas maneras de pensar el cambio social y el desarrollo, nuevos paradigmas conceptuales y nuevas relaciones entre la teoría y la práctica social.


- Economistas que toman conciencia de las limitaciones e insuficiencias de los marcos teóricos de su disciplina convencional.



1.4. La economía de solidaridad es un nuevo enfoque conceptual, al nivel de la teoría económica, referido a las formas económicas cooperativas, autogestionarias y asociativas.


Desde los orígenes del capitalismo y a lo largo de la historia moderna y contemporánea, se han desarrollado múltiples búsquedas y procesos de experimentación de formas económicas alternativas, las cuales han asumido diferentes nombres: cooperativismo, autogestión, mutualismo, economía social y otros.


Un rasgo distintivo de dichas experiencias ha sido el ser acompañadas y orientadas por un pensamiento económico-social formulado en términos ético-filosófico, doctrinario o ideológico. A partir de estas formulaciones se establecen principios orientadores y modelos organizativos que expresan el "deber ser" de las propuestas económicas, y se derivan normativas de carácter jurídico y estatutario, que indican con cierta precisión cómo deben organizarse y funcionar las organizaciones que participan de las respectivas identidades.



Tales formas de pensamiento que orientan a las experiencias, sin duda útiles especialmente para motivar a quienes participan en ellas, se han demostrado insuficientes para: a) proporcionar adecuada guía y eficientes criterios de eficiencia económica en los procesos decisionales y de gestión de las operaciones que realizan; b) garantizar una identidad consistente a las experiencias y búsquedas, que a menudo pierden el perfil inicialmente deseado y se van asemejando y subordinando a las formas capitalistas y estatales de hacer economía, respecto a las cuales aspiran a diferenciarse y constituir alternativas válidas y viables; c) generar la confianza y convicción suficiente respecto a su eficacia económica, como para atraer hacia ellas los recursos humanos, financieros y materiales indispensables para su desarrollo; d) asegurarles la autonomía cultural que necesita cualquier movimiento y proceso que aspire a realizar cambios profundos en la economía y en la vida social.


Como explicación de todas estas limitaciones, puede mencionarse el hecho que las experiencias cooperativas, autogestionarias, mutualistas y otras afines, careciendo de un instrumental conceptual y analítico propio que las oriente en sus procesos decisionales, a menudo recurren a aquellas herramientas de análisis proporcionados por una ciencia económica convencional, que ha sido formulada a partir de experiencias y racionalidades operacionales muy distintas y en cierto sentido opuestas a las solidarias.


Aquellos cuatro aspectos, que implican limitaciones y deficiencias esenciales que se manifiestan a menudo en estas búsquedas y experiencias económicas alternativas, no pueden superarse sino mediante la disposición de una teoría científica, elaborada al nivel de la disciplina económica, que no sólo respetando sino aún fortaleciendo la identidad económica alternativa, exprese de modo coherente su racionalidad económica especial y le proporcione criterios rigurosos que guíen su proceso de toma de decisiones y su gestión y operación en los mercados en que participan.


La concepción de la economía de solidaridad es una elaboración científica de teoría económica que viene a llenar este vacío. Ella se establece al nivel epistemológico de la ciencia económica, y utiliza las herramientas conceptuales y metodológicas propias de ésta, convenientemente ampliadas y reelaboradas para expresar la identidad de formas económicas muy diferentes: la racionalidad especial de las economías alternativas fundadas en la cooperación, la autogestión, el mutualismo y la ayuda mutua. La economía de solidaridad constituye, en tal sentido, una contribución relevante al potenciamiento y desarrollo de las búsquedas de economías alternativas eficientes.


La concepción teórica de la economía de solidaridad ofrece, adicionalmente, otras contribuciones:


a) Proporciona un lenguaje moderno, renovado, motivador y cautivante, en un contexto cultural como el de hoy, en que las concepciones tradicionales del cooperativismo, el mutualismo y la autogestión parecen haber perdido capacidad de convocatoria.


b) Ofrece una posibilidad de integración bajo una común identidad social, a búsquedas y experiencias que se han desarrollado bajo distintas denominaciones, siendo en realidad convergentes en sus propósitos y efectivamente provistas de una misma racionalidad económica especial, que requiere ser profundizada.


c) Permite reconocer como parte de la misma búsqueda de formas económicas alternativas, a numerosas experiencias nuevas y originales que adoptan diferentes estructuras organizativas, que se conocen con distintos nombres, y que son protagonistas de una dinámica reactivación de los procesos de experimentación de la solidaridad y la cooperación en la economía y en la vida social.



S.S. Juan Pablo II expresó en su discurso ante la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), en 1986: "La economía de la solidaridad es la gran esperanza para América Latina".
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