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REVISTA SINARQUÍA - Mexicanidad y Democracia

Los Guerreros de la Muerte Florecida

LOS GUERREROS DE
LA MUERTE FLORECIDA.
Guillermo Marín.


I.- FLOR Y CANTO TOLTECA.
• El destino del ser humano del Anáhuac.
La conciencia del ser humano en el México Antiguo se remonta al recuerdo ancestral de cuatro eras anteriores llamadas Soles, en las cuales la humanidad intentó su desarrollo y en cada una de ellas fracasó, por lo cual se inicia un nuevo ciclo. El Quinto Sol es la era que actualmente estamos viviendo.

Se entiende que para nuestros Viejos Abuelos la vida era la oportunidad de evolucionar en lo individual y en lo colectivo. Cada Sol fue un intento por buscar la perfección, no sólo del ser humano, sino de la misma tierra. Esta era la esencia de la vida y en ello, los seres humanos compartían con los dioses, la sagrada misión de mejorar el mundo y a la vida.
En efecto, los antiguos mexicanos tenían como "propósito social", el no sólo mantener la vida de los dioses y humanizar el mundo, sino lo que representaba el desafío supremo, perfeccionar la esencia de lo humano. De hecho, todos las civilizaciones con origen autónomo llamadas "Madre", como China o la India, lo han intentado por diversos medios y caminos.
Encontrar el significado y la trascendencia de la existencia. Llegar a la esencia de la vida. Lograr la inmortalidad, la luz o la consciencia total, ha estado en la cima del desarrollo de todo gran proyecto humano.
El conocimiento logrado por nuestros Viejos Abuelos en este terreno fue indiscutiblemente de inconmensurables e increíbles alcances. Los testimonios materiales de su impresionante esfuerzo por llegar a la consciencia total o a la luz, nos siguen maravillando hasta nuestros días; hoy que solo nos quedan las ruinas materiales de las llamadas "zonas arqueológicas", nos deslumbran no sólo por la grandeza arquitectónica y las proezas técnicas, sino fundamentalmente por su magnificencia espiritual; pero al mismo tiempo, paradójicamente, sorprende el desconocimiento que actualmente tiene la sociedad mexicana sobre el tema central de la existencia de nuestros antepasados, en donde se invirtieron todos los recursos y esfuerzos de la civilización del Anahuac, especialmente en el período conocido como Clásico, que es casi desconocido.
El destino de los seres conscientes del Anahuac era la evolución y perfeccionamiento del mundo y la vida. Los dioses un día se reunieron en Teotihuacán y decidieron iniciar un nuevo intento. En la noche de los tiempos, en la obscuridad de la ignorancia, encendieron un fuego cósmico (pues se carecía de un Sol) y dijeron que era bueno y necesario crear un nuevo Sol. Dos fueron los dioses que primero se tuvieron que sacrificar para que naciera el Sol y la Luna. Después los demás dioses se tiraron al fuego cósmico para que con su sacrificio se iniciara el movimiento.

Para la filosofía del Anahuac la existencia de los seres humanos de este Quinto Sol, es producto del sacrificio de los dioses, por ello se nombrarán a los seres humanos "masehuales", que se interpreta como "merecidos" del sacrificio de los dioses. Aquí se apunta uno de los paradigmas más importantes de la filosofía del Anáhuac, "el sacrificio", como fuente de vida y conciencia.
Todo estará movido en el mundo del Anáhuac, por un sacrificio espiritual. Posteriormente en la génesis de este Quinto Sol, Quetzalcóatl, representación simbólica de la sabiduría y la energía espiritual, tendrá que "luchar" simbólicamente contra la muerte, representado en este caso con el dios Mictlantecutli.
Bajando Quetzalcóatl acompañado de su Nahual o doble al inframundo y aliándose con los insectos, que son los pequeños constructores de la naturaleza, lograran burlar al Señor de la Muerte y rescatarán las "reliquias o huesos" de los desaparecidos seres humanos del Cuarto Sol, para inmediatamente con la ayuda de la diosa madre, quien molerá los huesos hasta hacerlos polvo, para que Quetzalcóatl realice el último sacrificio de resurrección.
En efecto, más que simbólico, el Dios del Soplo Divino que le da conciencia a la materia, se sangrara su miembro viril, para derramar su sangre preciosa sobre los huesos molidos y de ahí, surja la nueva estirpe humana que vivirá en el Quinto Sol.

De esta manera los dioses se han sacrificado para que renazca el ser humano sobre la tierra. Por ello, se entiende que los seres humanos del Quinto Sol, merecidos de ese sacrificio, requieren dedicar toda su energía y su vida entera a las demandas de sus creadores.
Así vemos como los antiguos mexicanos entienden el mundo, la vida y su responsabilidad existencial. Ellos son responsables de "humanizar al mundo" y de "alimentar" con su energía espiritual a los dioses.

Porque cabe señalar en este aspecto que, casualmente todos los dioses del mundo antiguo, exigían de los seres humanos su eficiente, constante y creciente "sacrificio espiritual", ya sea a través de ritos, abstinencias, rezos o ayunos. Nuestros Viejos Abuelos no escapaban a esta interesante y sugestiva igualdad.
A diferencia de la cultura Occidental en donde en el mundo grecolatino y judeocristiano, el hombre esta llamado a "dominar, explotar y transformar" a la naturaleza para situarse por encima de todos los seres vivos, pues fue hecho a "imagen y semejanza de Dios".
La concepción del México Antiguo pretende "humanizar al mundo y alimentar espiritualmente con su sacrificio a los dioses", lo que representaba el destino de los seres humanos y el más alto "Propósito Social" en el que vivieron en el Anáhuac.
Desde épocas milenarias los antiguos mexicanos entendían que este no era su mundo, su realidad definitiva. Ellos sentían que su vida era un medio, una maravillosa oportunidad para lograr la vida eterna.
Cuando nacían los niños la partera les decía en un bello discurso que su casa estaba en otra parte y que sólo estarían por breve tiempo en la tierra. Que la vida estaba llena de privaciones y sufrimientos.

• Las instituciones educativas.
El desarrollo del proyecto social de los antiguos mexicanos, que desde la invención de la agricultura, el maíz y la milpa, aproximadamente en el sexto milenio antes de la era cristiana, hasta la consolidación de la cultura Olmeca, llamada también "Cultura Madre", alrededor del año mil quinientos antes de Cristo, pasaron alrededor de cuatro mil quinientos años. Tiempo suficiente en el que los antiguos mexicanos elaboraron las bases de la sólida matriz filosófica cultural que sostendrá todo el andamiaje cultural en el que se desarrollará el propósito social los pueblos del Anáhuac.
Es necesario llamar la atención de dos elementos fundamentales para entender el misterio y el prodigio de la civilización del Anáhuac.
La primera es que estamos frente a un proyecto social de carácter milenario, en el que intervinieron muchas generaciones. Se supone que sólo el período clásico o del llamado esplendor, duró más de mil años y el preclásico o formativo, como dijimos antes, alrededor de 6 mil años; y en conjunto toda la civilización del Anáhuac tuvo una duración de casi siete mil quinientos años.
La segunda es que estamos frente a un fenómeno de una civilización que tuvo muchas culturas diversas en tiempos y espacios diferentes, pero que siempre estuvieron unidas por un mismo propósito social a través de una matriz filosófica cultural, lo que permitió crear un mundo maravilloso saturado de diversas variantes, que representan expresiones de una misma realidad.

Para entender el milagro de Teotihuacán, Chichen Itza o Monte Alban, debemos de pensar que la civilización además de tener un proyecto perfectamente estructurado y definido, requirió necesariamente de un sólido y eficiente sistema alimentario, de un efectivo sistema de salud, de un sabio sistema social y jurídico, pero especialmente de un excelente sistema educativo en donde, no sólo se transmitieran los conocimientos, las ciencias, las artes, la filosofía y la religión; sino que, se pudiera involucrar permanentemente en el milenario propósito social a los niños y jóvenes, para de esa manera se asegurara la permanencia del proyecto social.

La construcción de cualquiera de estas ahora llamadas "zonas arqueológicas", como es el caso de Monte Alban en los valles de Oaxaca, que iniciaron su construcción en el años quinientos antes de Cristo y que se presume su abandono en el año ochocientos cincuenta o novecientos de la era cristiana, representan más de mil años de un mismo uso y de una infatigable construcción.

Producto de este impresionante desarrollo humano es el sistema educativo, que para el siglo XVI, en tiempos del período postclásico decadente, los europeos se sorprendieron de encontrar en el Anáhuac, que ningún niño estuviera sin escuela, porque esta era obligatoria y gratuita.

Probablemente el sistema educativo estaba ya en operación desde el período preclásico o formativo, el caso es que existían tres milenarias instituciones que tenían como principal objetivo, "formar rostros propios y corazones verdaderos" entre los estudiantes. Las instituciones eran: El Telpochcalli o la Casa de los Jóvenes en donde se recibían a los niños desde la temprana infancia y vivían internados.
En esta institución se les formaba como "seres humanos y ciudadanos". Adquirían los conocimientos básicos sobre su cultura, historia, lengua, costumbres, oficios, aprendían a escribir y a "leer" sus códices.
La "Palabra Antigua" era una institución y en ella se guardaban celosamente los sabios consejos que se transmitían de una generación a otra y que permitían la vida ordenada y justa.
Otra institución era el "Cuicacalli" o casa del canto, la cual era el recinto donde se les enseñaba a mujeres y hombres, a través de "flor y canto" el sentido estético de su consciencia de ser. La danza, la pintura, la declamación, la poesía y la música, eran excelentes medios por los cuales se educaba a las nuevas generaciones en el milenario propósito social de los pueblos del Anáhuac.
La educación artística era tan importante como la educación que hoy llamaríamos "formal". Los antiguos mexicanos expresaban su sentir de la vida y el mundo, con lo que ellos llamaban "flor y canto".
Todo cuanto hacían en la vida y social y privada estaba íntimamente ligado al aspecto artístico y religioso. Finalizaba este nivel de educación obligatorio a todos los jóvenes de ambos sexos hasta que se casaban y formaban una nueva familia. Sin embargo, existían jóvenes que por su gran talento, capacidad e inteligencia eran seleccionados para seguir estudios superiores.
Esta institución se llamaba el "Calmécac" o la casa de la medida. Ahí se estudiaban los jóvenes más talentosos, se les preparaba como dirigentes, administradores o sacerdotes. Los jóvenes que ingresaban a estas augustas instituciones de enseñanza superior se les nombraban "Guerreros".
La Guerra Florida y el destino de los guerreros.
La misión de humanizar al mundo y alimentar con sus sacrificios espirituales a los dioses, representó para los antiguos mexicanos las bases de la sólida matriz filosófica cultural, que sostendrá en lo esencial la estructura en la que se desarrollará el "Propósito Social" de los pueblos del Anahuac, encontrando en el impresionante sistema educativo, el instrumento que permitió darle continuidad a lo largo de por lo menos dos mil quinientos años.
Los antiguos mexicanos construyeron una compleja alegoría filosófica en torno a su "propósito social". Llena de símbolos poéticos y profundas parábolas esotéricas, encontramos a la guerra como la máxima empresa individual, social y del Estado.

Así como los dioses se sacrificaron en el fuego cósmico, que libera a la energía espiritual de grotesca materia que la contiene.
Los seres humanos, los "merecidos", los encargados de "humanizar el mundo" y de "alimentar" espiritualmente a los dioses, tendrían que librar la guerra más difícil y temeraria que un ser humano puede realizar en la vida, para lograr con plenitud su cometido existencial.

La lucha contra sí mismo, contra la inercia que condena a la materia en su caída hacia la inevitable corrupción, primero del espíritu y después del cuerpo. La batalla que se libra en lo más profundo del ser humano, la lucha contra las debilidades y las tentaciones, contra la pereza, la estupidez y la irresponsabilidad existencial, la lucha que necesariamente se da en el seno de un espíritu consciente.

Los Viejos Abuelos llamaban a este desafío "La Batalla Florida". Esta lucha se libraba con "flor y canto", entendido como sabiduría y belleza, las armas por excelencia del inmaculado guerrero del México antiguo.

De esta manera en el Calmécac se preparaban a estos "guerreros del espíritu" a través de una estricta disciplina militar, en la que sobresalía el sentido de sobriedad, austeridad y frugalidad, que marcaban junto con el estudio y la reflexión, un estilo de vida comparable sólo al de un monje tibetano.

Estos "guerreros" se preparaban para la batalla florida y en su hacer, humanizaban el mundo y alimentaban con su energía espiritual, producto de una vida de sacrificio, a los dioses tutelares. Se organizaban en dos grandes linajes; los guerreros tigres, asociados al mundo de características tangibles y los guerreros águilas, asociados al mundo de características intangibles. Las dos grandes órdenes de guerreros del México Antiguo que estaban vinculados a conocimientos herméticos del mundo y de los seres humanos.

De esta manera la "Guerra Florida" no sólo fue la razón misma del Estado, sino lo que resulta más importante, el medio por el cual una civilización lograba articular su "Propósito Social". De esta manera se puede entender la posibilidad constructiva de las "grandes obras materiales" del México antiguo y la continuidad de su Propósito Social. Desde esta perspectiva podemos imaginar la dimensión y trascendencia del pensamiento filosófico y la energía espiritual que desarrollaron los pueblos del Anáhuac.

La Guerra Florida representaban para el Estado su razón de ser y el destino del Guerrero representaba para el pueblo, la oportunidad de trascender su existencia y darle sentido a su propia vida, al vincularla directamente con las fuerzas inconmensurables que rigen el universo.
El sacrificio de los dioses por los seres humanos y el sacrificio de los seres humanos por mejorar el mundo y alimentar a los dioses, se estructuraba como una interminable cadena de acontecimientos que unían a lo humano con lo divino, al cielo con la tierra, al Quetzal con el Cóatl.

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