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REVISTA SINARQUÍA - Mexicanidad y Democracia

La Semana Santa

Quien me presta una escalera para subir al madero,
para quitarle los clavos a Jesús, el nazareno...
                                                                                                                                      Joan Manuel Serrat
 

Anteriormente llamada Semana Mayor, en señal de respeto y reconocimiento al sacrificio que por nosotros hizo el Salvador, ofreciéndose en oblación, hoy día ha venido a menos (como muchas otras costumbres integrantes del acervo de hábitos colectivo) y no porque la conmemoración desmerezca, se devalúe o pierda vigencia, sino porque merced al bombardeo constante de las diferentes empresas que ofrecen bienes y servicios de toda índole, se ha confundido y trastocado su naturaleza y equivocado su intención, adjudicándole un carácter completamente enfocado a la diversión y el esparcimiento (las más de las veces, aderezándole connotaciones sexuales impropias a todas luces), en vez de dirigirlo a la reflexión, el análisis de nuestros actos, el arrepentimiento y el encuentro con Dios.
 
De tal suerte, existen cantidades industriales de convenencieros (y es fuerza reconocer que la especie ha proliferado hasta en la iglesia) que a toda costa pretenden hacer converger y confluir de la manera mas inverecunda, la posibilidad de conjugar el espacio de tiempo destinados a las actividades de carácter absolutamente recreativo con lo concerniente al cumplimiento de los deberes religiosos y de todas aquellas actividades que nuestra devoción particular nos imponga.
 
Es de sentido común suponer que si nuestro ánimo se encuentra orientado a halagar (de la manera que sea) nuestros sentidos, no podremos súbitamente ser capaces de variar su rumbo y dirigirlo a objetivos diametralmente opuestos. Lo anterior, tiene toda la lógica del mundo, dada nuestra natural disposición. Ciertamente es más agradable el disfrute que la abstinencia y el ayuno, pero en estos casos es primordial no perder de vista la motivación que fundamenta nuestra conducta.
 
La Biblia consigna cualquier cantidad de anécdotas que ejemplifican a cabalidad la ingratitud humana, convirtiéndola casi en nota distintiva de nuestro carácter. Así, podemos percatarnos que conforme un grupo social determinado avanza y progresa en el rubro de la tecnificación y en el aumento cuantitativo de su número de integrantes y la complejidad de sus relaciones y procesos, tiende a abdicar de las costumbres adoptadas ancestralmente, por existir quienes consideran que éstas lastran y atan indefectiblemente al pasado o porque con el incremento exponencial de las dimensiones del conglomerado, se resquebrajan las estructuras vigentes y se
debilitan los vínculos que unen a sus miembros, considerándose idóneo redefinir los comportamientos usuales.
 
No se me malentienda, no estoy recomendando retornar a los excesos, a aquellos tiempos en los que se estilaba no circular en automóvil, descartar la posibilidad de oír música, ir al cine o ver televisión o incluso en algunos casos mas extremos, abstenerse hasta de bañarse (se quien recurría a este tipo de prácticas, especialmente en Viernes Santo), lo que aquí en Yucatán no es sino una cochinada mayúscula, con las altísimas temperaturas que alcanza el termómetro en nuestros lares, en esta época (y la verdad es que casi todo el tiempo, pues la canícula prácticamente nunca da tregua), pero es igualmente menester, que comprendamos que tampoco se trata de abandonar la peregrinación a las siete casas (iglesias mejor dicho), para transformarla en una hégira a los tugurios habidos y por haber, o que intentemos romper nuestra propia marca de ingesta de bebidas con contenido etílico y mucho menos el asunto es incurrir en prácticas o conductas que avergonzarían a los habitantes de Sodoma y Gomorra (con la desventaja de que es prácticamente imposible que llueva fuego del cielo).
 
La Semana Santa, debe ser una oportunidad para la convivencia familiar, para estrechar vínculos entre padres e hijos, para reflexionar respecto de nuestros actos, omisiones y sus consecuencias, para tratar de establecer comunicación con Dios entendiendo que son tan grandes su amor y misericordia, que se avino a darnos a su hijo, para que con su sacrificio nos librara de la carga del pecado y nos dejara en posibilidad de compartir la vida en el espíritu eternamente. Hago votos fervientes porque esta Semana Mayor no sea pródiga en accidentes ni en víctimas obligadas ni circunstanciales de hechos vergonzantes, que no se constituya en un período de abusos y libertinaje, protagonizados principalmente por los jóvenes y sobre todo, porque podamos meditar respecto de lo frágil de la condición humana y lo finito y limitado de su existencia, contemplada ésta en el marco de la inmensidad del universo.
 
Que en esta Semana Santa, el amor de Dios se anide en nuestros corazones, para hacernos capaces de comprender estas verdades esenciales.
 

POST SCRIPTUM.- Nuestro afectuoso reconocimiento a nuestro amigo Ismael Peraza Valdez, por la oportunidad de poder estar al servicio de nuestro estado, en la cámara de diputados federal. Ismael es un hombre trabajador y sensible, que estamos seguros estará a la altura de las circunstancias, porque partidismos aparte, es un hombre bueno y decente. Enhorabuena.

Como siempre, debo reconocer públicamente que me honra con su amistad el profesor Mario Romero Bolio, una de esas gentes que de manera soterrada con su ejemplo ha contribuido a cambiar este mundo para bien. Es de esos héroes anónimos que con su ejemplo realizan la mejor prédica de lo que es el cristianismo y el debido y oportuno cumplimiento con las obligaciones de la civilidad. Un fuerte abrazo.
 
Dice Manuel Triay que soy un periodista de estilo antiguo. Sin duda alguna. Y la apuesta es mantenerme como uno de los pocos adalides actuales de la caballerosidad y bonhomía, en mis anticuados artículos de opinión y en mis más arcaicas aún, costumbres personales. Le apuesto todo a ser quijote, en este mundo que endiosa e idolatra la modernidad.

Madame Mim: yo estaré contigo hasta la eternidad. Semper fideles.

Guillermito: entiendo que muchas cosas hoy día quizá te desconcierten hijo. Lo importante es que sepas que todos te queremos: mamá, tus abuelitos y en especial yo. Eres para nosotros el bien supremo. Te amo infinitamente mi adorado ratoncito cachetón. Besos.
 
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