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REVISTA SINARQUÍA - Mexicanidad y Democracia

En Defensa de la Vida

 
Recientemente los mexicanos nos pudimos enterar que el controvertido tema del aborto, con carta de naturalización, legitimidad y residencia en el Detritus (perdón, quise decir Distrito) Federal, sería analizado en el foro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. No bien los medios hubieron terminado de dar a conocer la noticia, cuando Televisa, se apresuró a asegurar, que tenía certeza que todo sería una cuestión de mero trámite, pues poseía información de que no se podría reunir la mayoría de ministros requerida para echar para abajo el criminal ordenamiento. Hasta donde fue posible observar, nadie en la Suprema Corte dijo esta boca es mía para confirmar o desmentir el aserto anterior. Precisamente por ello, es conveniente reflexionar en las contradicciones sociales que experimenta esta convulsa patria nuestra, que es capaz de organizar marchas, llena de indignación por el alevoso asesinato de un inocente, pero que guarda silencio cómplice ante los arteros asesinatos cometidos en perjuicios de seres que desconocemos si serán los encargados de resolver atávicos problemas nacionales como el desempleo, la pobreza, las enfermedades endémicas y muchas otras cuestiones de interés patrio.
 
Evidentemente quienes pugnan por la legalización del aborto, pasan por alto que se trata de homicidios en toda regla y con todas las agravantes penales presentes: premeditación, alevosía y ventaja. El crimen se planea en toda regla, el homicida material y sus cómplices (pues quienes colaboran a realizar un aborto, no tienen otra calidad) se preparan con suficiente anticipación y previenen las eventualidades que pudieran presentarse y la víctima, es mas que claro que no tiene acceso a medio alguno de defensa, pues es atacado por quien por mandato divino, tendría el deber y obligación legal de defenderlo. Aparte de lo anterior, los promotores del aborto, han hecho hincapié hasta el cansancio, en el eufemismo de que el embrión y el feto no son capaces de experimentar sensación alguna de placer o de dolor. Afortunadamente, para concluir de despejar cualquier indicio de duda, se ha comprobado científicamente lo contrario. Las agrupaciones pro abortistas se desgañitan gritando que la mujer tiene derecho a decidir que hace o no sobre su propio cuerpo, pero pasan por alto, que no es así. Las mujeres que abortan, no deciden sobre su cuerpo, no determinan amputar un miembro gangrenado o extirpar un seno cundido de células cancerosas que ponen en peligro la existencia. No, deciden matar un ser que es carne de su carne y sangre de su sangre y peor aun, que contribuyeron de manera activa a gestar. Una hiena o una loba, defendería hasta la muerte a sus cachorros, daría la vida si alguien quisiera atacar a sus crías. Los seres humanos, pero peor aún las mujeres, que favorecen la práctica del aborto, no merecen formar en el número de los integrantes de la humanidad. Pero mas aún, si no se tratara de una concepción deseada, y fuera consecuencia de una violación o el pequeño ser viniera a este mundo en las condiciones de pobreza o de salud, mas adversas, ni así fuera justificable, pues existen instituciones asistenciales que podrían hacerse cargo de proteger la referida esencia vital.
 
A mayor abundamiento, no tengo la menor duda, que si la mujer que pretendiera abortar, tuviera el descaro de anunciar su decisión en los medios de comunicación masiva, aduciendo no ser capaz de encargarse del niño por venir, habrían a las puertas de su domicilio, filas interminables de gentes que le pedirían les cediera la vida, puesta sobre la piedra de los sacrificios. Evidentemente quienes promueven el aborto, jamás han visto las diapositivas del bebe que debido a un problema congénito, tuvo que ser operado en el interior mismo del seno materno por un cirujano americano, elegido sin duda alguna, por la gracia del Señor, que concluida exitosamente la operación, con su manita se asió al dedo del cirujano, aferrándose desesperadamente a la vida y en franco acto de agradecimiento a quien preservaba el don divino que le permitía subsistir. La imagen es estremecedora y está disponible en la red, dado que el Internet también puede ser usado para el bien. Los promotores del aborto, se quejan de que anualmente mueren cientos o miles de mujeres, por realizar estas prácticas en condiciones poco higiénicas desde el punto de vista de la práctica quirúrgica, pero la muerte no es sino el justo castigo que obtienen las criminales que intentan la comisión del ilícito de marras. El aborto es un crimen de lesa humanidad, no importa que eufemísticamente se le denomine interrupción del embarazo. No concibo que existan personas que condenen el holocausto judío, las ejecuciones, excesos y crímenes cometidos en el transcurrir de cualquier conflicto bélico y aplaudan aquellos que son perpetrados contra los mas inocentes de los seres, contra quienes que tienen mas derecho que cualquiera de nosotros, pues no son capaces de maldad, para vivir y ser felices. El aborto no es una cuestión política, no es un asunto que deba volverse botín de los partidos, es sí, síndrome inequívoco de la descomposición social que nos afecta y que se traduce en la indiferencia y en la actitud de desinterés que adoptamos ante los infractores del orden social, humano y legal de nuestros días. Y no me importa que las asociaciones seudo liberales y las mujeres seudo liberadas me llamen anticuado, conservador, emisario del pasado, macho mexicano o me endilguen cualquier epíteto de su preferencia. Si no queremos contaminarnos con la indolencia cómplice de la maldad, debemos alzar la voz para que los integrantes de la Suprema Corte de Justicia, se conviertan en intérpretes o portadores de la voluntad popular y no en un puñado de iluminados que tomen cualquier género de determinación a espaldas de los deseos del pueblo. La sangre de los inocentes sacrificados por el aborto legal es un río proceloso, cuyas aguas turbulentas a todos nos salpican. No nos quejemos al contemplarnos la faz manchada. También existen los pecados de omisión.
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