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Es Hora de Sentarnos a Comer

ES HORA DE SENTARNOS A COMER…

 

La muerte es una mujer que busca amantes eternos

 

Como yucateco que se respeta, espero ansioso cada año la llegada del Hanal Pixán o comida de ánimas, para según la tradición, convivir con aquellas personas caras a nuestro afecto que han fallecido y que en estas fechas de noviembre, reciben permiso del Todopoderoso para visitar a sus seres queridos.

Soy consciente como cristiano que la creencia en la comida de ánimas, revela el sincretismo hispano-indígena que pervive en la región sureste del país y más que eso, el fondo de superstición y connotaciones idolátricas que subsiste en la efeméride. Pero me parece no implica afrenta alguna a nuestro credo católico, apostólico y romano, que mira con benevolencia y tolerancia, el cultivo de la tradición. Además, de alguna forma, en el fondo, la costumbre insiste en recalcar la esperanza de trascender y las promesas de salvación de Nuestro Señor.

Pero este año es especial. En esta ocasión no solo recibiré la visita de mis amigos como el padre Escalante, el padre Trujillo, Leobardo, don Nacho, doña Irma y su hermana doña Mimí. No solo disfrutaré de la presencia de mis abuelos Nico y Petita, Noni y Chana y de todos los demás parientes, amigos y familiares, sino que tendré la compañía de mi adorada Ivonne, a la que contaré los últimos sucesos, tendré al tanto de los chismes más recientes, podré presumir lo guapo y grande que se ha puesto Guillermito y sobre todo, podré sentir a mi lado, en todo lugar y momento, diferente al ámbito intangible de los sueños.

Este año me esmeraré en preparar un altar idóneo para la ocasión. Con los chocolates que tanto le gustaban. Donde haya lasaña y pan dulce, cafecito caliente y velas aromáticas. Me esmeraré en escoger la música que le gustaba. Vestiré mis mejores prendas, aquellas destinadas al domingo. Lustraré mi calzado hasta que deslumbre. Usaré la colonia de las grandes ocasiones y le abriré la puerta de casa con la misma unción y el mismo entusiasmo con que se suele disponer al amor.

¡Vendrás Ivonne! Sabrás que no te olvido. Podrás besarme cuanto quieras. Intentaré abrazarte y asirme de tu cuello. Seguramente me regañarás por el desorden y me sugerirás alinear los muebles de otro modo. Eso no cambiará nunca, mi adorada gruñona. ¡Vendrás Ivonne! Podré contarte mis tristezas, sabrás lo solo que me siento, conocerás mis nuevas perspectivas, aquellas que obstinadamente impido que se mueran…

¡Vendrás Ivonne! Lo inminente de tu llegada desata el mismo nerviosismo de antaño. Anhelo el momento de intuir tu figura dibujarse en el dintel, para deleitarme con tu perfume y decirte: ven, es hora de sentarnos a comer…

POST SCRIPTUM.-  Guillermito: estás francamente aterrador con tu disfraz de fantasmita y con el modo ominoso con que modulas la voz para asustar. Por vez primera conozco un espectrito cachetón. Te amo infinitamente hijito, estás guapísimo. Besos.

 

Dios, Patria y Libertad

Guillermo Barrera Fernández

17/12/2009 00:09 Guillermo Barrera Fernández Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La Iglesia Catolica y la Política en Mèxico

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La iglesia católica y la política en México, 1910 - 1938.

Enviado por davidclopez

  1. Introducción: La disputa por la sociedad.
  2. El catolicismo social
  3. La lucha armada, 1910 - 1920. Del triunfo político a la primera persecución.
  4. El gobierno de los sonorenses, 1920 - 1929. Enfrentamientos y guerra cristera.
  5. Hacia el modus vivendi, 1929 - 1938.
  6.  

     

  7. Bibliografía.
  8.  

 

Introducción: La disputa por la sociedad.

La historia contemporánea de México difícilmente podría entenderse sin comprender previamente la posición de uno de los actores principales mundo occidental y sobre todo de los países de tradición latina, la Iglesia católica. Al igual que en todos los demás Estados nacionales, el Estado mexicano debía concentrar en sí todos los poderes de la sociedad, dejando atrás la antigua colaboración con la Iglesia; sin embargo, secularizar el poder e imponer la autoridad gubernamental era una tarea complicada en una sociedad que conservaba muchas de sus características tradicionales, entre ellas, los vínculos que se desprenden de la religiosidad.

Para la Iglesia la separación tampoco fue fácil. Había dependido del "brazo secular" para hacer efectiva la coacción correspondiente a las leyes canónicas; desde finales del siglo XVIII enfrentaba problemas derivados del pensamiento de la Ilustración, como la reducción de la vida religiosa y la rebeldía de algunos sectores del clero parroquial; y en el caso mexicano había ido sacrificando buena parte de su riqueza para los intereses nacionales. Aun así, el naciente Estado liberal veía como un peligro la legitimidad, riqueza y ascendiente que todavía conservaba.

El período que trataremos fue decisivo para resolver estas ambigüedades. Fue entonces cuando ambas instituciones se disputaron directamente el apoyo social del que dependía, o bien para consolidarse, o para sostenerse como centros principales de la vida nacional.

La disputa por los pueblos, siendo parte de un proceso para definir las relaciones Iglesia - Estado, estaba condicionada por determinadas circunstancias históricas. En ambas partes había sectores radicales, dispuestos a llevar sus actos hasta el enfrentamiento, sin considerar las repercusiones de los actos violentos. Pero antes de entrar en esa historia debe considerarse que la Iglesia pasaba por una etapa de reorganización influenciada por

 

El catolicismo social

La Reforma juarista había terminado de forma definitiva con el antiguo sistema en el que la Iglesia había mantenido su situación de primera corporación del país; perdió además el patrimonio económico de los cuerpos que la integraban, en particular las órdenes religiosas, las cofradías, órdenes terceras y demás asociaciones de laicos. Era indispensable reestructurar la vida de la Iglesia. Reunidos en Roma con el papa Pío IX, los obispos mexicanos comenzaron por trazar una nueva división territorial, erigiendo nuevas provincias eclesiásticas y diócesis sufragáneas. Sin embargo, la búsqueda de un acuerdo con el Estado para evitar la aplicación estricta de las Leyes de Reforma y la preparación de una nueva jerarquía, fueron dos de los objetivosmás destacables.

El acuerdo con el Estado tardó prácticamente una década. No fue sino hasta el ascenso del general Porfirio Díaz que la Iglesia obtuvo las garantías necesarias para su desarrollo a través de la "política de conciliación". Durante sus sucesivos gobiernos, el general Díaz dejó sin vigencia efectiva las leyes de Reforma, mientras el clero abandonaba prudentemente toda participación política. Son hechos muy conocidos los vínculos del Presidente con algunos prelados, como Eulogio Gillow, Pelagio A. Labastida y Próspero María Alarcón; asimismo son conocidos los límitesde la conciliación, con los casos de los gobernadores Próspero Cahuantzi, de Tlaxcala, e Ignacio Romero Vargas, de Puebla, amonestados por su acercamiento con los obispos respectivos.

La preparación de nuevos prelados se efectuó a través del Colegio Pío Latino Americano, fundado en Roma a por Pío IX, y en donde estudiaron los jerarcas más célebres de las tres primeras décadas del siglo XX: José Mora y del Río, Francisco Orozco y Jiménez, Leopoldo Ruiz y Flores, Manuel Fulcheri, Martín Trischler, entre otros. Apoyaados por Eulogio Gillow, este grupo de eclesiásticos (los "romanos") fueron ganando progresivamente las principales sedes diocesanas del país en los primeros años del siglo XX.

La preparación de los nuevos obispos estaba más cercana a la teología neotomista que se promovió durante el pontificado de León XIII, cuya encíclica Rerum Novarum de 1891 abrió definitivamente las puertas al catolicismo social, corriente que buscaba frenar la creciente secularización a través de una mayor atención a los laicos y los problemas agrícolas y obreros.

Aunque la Rerum Novarumfue recibida fríamente en México, al despuntar el siglo XX comenzó a verse la febril actividad de los católicos sociales: a partir de 1903 dio inicio el ciclo de los congresos católicos; Mora y del Río, como obispo de Tulancingo, convocó además a congresos agrícolas; las mutualistas y asociaciones obreras se multiplicaron con el apoyo episcopal; asimismo la buena prensacobraba nuevo vigor en las ciudades, sobre todo en México y en Guadalajara, con el licenciado Miguel Palomar y Vizcarra. La Sociedad de Jesús tuvo un papel muy importante en este resurgimiento, bajo su direcciónespiritual surgió el Circulo de Estudios Católicos - Sociales Santa María de Guadalupe, mejor conocido como los Operarios Guadalupanos, base a su vez del Círculo Católico Nacional, primera agrupación política confesional del siglo XX mexicano en cabezada por Gabriel Fernández de Somellera en 1909.

 

La lucha armada, 1910 - 1920. Del triunfo político a la primera persecución.

El Círculo Católico Nacional se convirtió en el Partido Católico Nacional en 1911, con el visto bueno tanto del gobierno de transición, como de Francisco I. Madero. El partido apoyó al propio Madero como candidato presidencial y a Francisco León de la Barra como Vicepresidente. La jerarquía católica, en particular el ya Arzobispo Primado, Mora y del Río, apoyó las actividades de este organismo, que buscaba hacer realidad los proyectos que se habían ido discutiendo en los congresos, semanas sociales y en la prensa.

Los resultados en las elecciones no pudieron ser mejores. Se obtuvieron 100 curules en el Congreso de la Unión, mientras que en Jalisco y Zacatecas el triunfo fue completo: la gubernatura y las legislaturas locales quedaron dominadas por el PCN. Desde luego, se realizó una amplia obra de reforma social siguiendo los lineamientos de la Rerum Novarum. Sin embargo, la debilidad del gobierno de Madero movió a algunos miembros del partido a conspirar contra el régimen. A solicitud de la presidencia, el arzobispo de Morelia, Leopoldo Ruiz y Flores recriminó dicha conducta durante la Gran Dieta del Círculo de Obreros Católicos (Zamora, 1912). Ruiz y Flores mismo fue el único prelado que alzó la voz en contra del golpe de Estado al año siguiente.

En efecto, el gobierno de Victoriano Huerta dividió a la jerarquía católica y al PCN. Son hechos bien conocidos la participación de algunos miembros del partido (v.gr. Eduardo Tamariz y Francisco Elguero) dentro del gobierno huertista, y la presencia oficial de altos mandos del ejército en la ceremonia de consagración de México al Sagrado Corazón de Jesús en 1914. Por otro lado, La Nación, órgano del Partido, no dejó de criticar al gobierno, y el partido mismo nominó a Federico Gamboa como candidato presidencial. Huerta acabó por disolver el PCN y enviar al destierro a sus líderes, incluido Gabriel Fernández de Somellera.

El clero católico tampoco apoyó a Huerta, pero tampoco hizo nada en su contra más allá de la citada protesta de monseñor Ruiz y Flores. En cambio, comenzó a hacerse presente un ambiente cada vez más hostil a la Iglesia por parte de los líderes de algunas facciones revolucionarias, en particular los sonorenses.

Ciertamente, cuando los estados del norte empezaron a movilizarse en contra de Huerta, líderes como Antonio I. Villarreal, Pancho Villa en sus inicios, y el ejército al mando de Álvaro Obregón, cometieron constantes ataques contra el clero, sus escuelas y obras de caridad, contra templos y propiedades eclesiásticas. Por ejemplo, cuando Villa entró a Zacatecas fueron arrestados todos los clérigos de la ciudad; Antonio I. Villarreal dictó algunos de los primeros decretos reduciendo el número de sacerdotes en el Estado de Nuevo León; mientras el general Obregón instalaba sus cuarteles en Guadalajara en todas las iglesias, incluida la catedral.

En cambio, en Morelos, Emiliano Zapataprotegió al clero y a la tradicional religiosidad católica del sur del país. Mientras que el avance de las fuerzas constitucionalistas obligaba a los clérigos a buscar refugio en el sur, e incluso en Veracruz durante la ocupación norteamericana, y finalmente a exiliarse, como hicieron los obispos en 1917, Zapata dio refugio a monseñor Manuel Fulcheri, sus entradas a la ciudad de México fueron celebradas con las campanas de las iglesias al vuelo, y algunos curas participaron en sus filas.

Con todo, la ruptura entre Villa y Carranza modificó la conducta del primero hacia la Iglesia, por lo que el gobierno de la Convención parecía el más adecuado para sus intereses. A pesar de ello, la Iglesia se mantuvo a la expectativa. Carranza mismo tampoco parecía estar interesado en un conflicto religioso, aunque al mismo tiempo debía retribuir el apoyo de los radicales. La Constitución de 1917 habría de reflejar las ideas de estos últimos, sobre todo en sus artículos 3o., 5o. 27 y 130. Aunque es una legislación ya modificada, se recuerdan todavía hoy sus principales lineamientos: educación laica, supresión de los votos monásticos, limitación estricta de la propiedad de las instituciones religiosas, desconocimiento de toda personalidad jurídica de las iglesias, prohibición a los extranjeros de ejercer como ministros de culto, declaratoria de los templos como propiedad de la Nación, prohibición de actos de culto fuera de los templos, etcétera.

El Episcopado, desde luego, protestó a través de una Carta Pastoral Colectiva. El presidente Carranza, aunque no pudo modificar la legislación, pudo al menos moderar su aplicación. Fue en los Estados donde empezaron a manifestarles los conflictos, el más notable fue el caso de Jalisco, donde los gobernadores Manuel Diéguez y Manuel Bouquet y la legislatura se enfrentaron con la resistencia del arzobispo Francisco Orozco y Jiménez ante la reducción de los sacerdotes y el cierre de templos y colegios. Aunque tuvo que salir del Estado, Orozco y Jiménez obtuvo la victoria gracias, por un parte a los católicos organizados de la arquidiócesis, quienes iniciaron una política de manifestaciones, boicot, luto general, y por otra a la buena voluntad de Carranza, que buscaba reducir los conflictos internos en aras de la consolidación de su gobierno.

Carranza, sin embargo, tuvo que enfrentarse finalmente con los sonorenses del Plan de Agua prieta, y tras su muerte y el interinato del general Adolfo de la Huerta, fue electo presidente el general Álvaro Obregón, con la sola oposición del Partido Nacional Republicano, formada por algunos ex integrantes del PCN, que apoyó la candidatura del licenciado Alfredo Robles Domínguez.

 

El gobierno de los sonorenses, 1920 - 1929. Enfrentamientos y guerra cristera.

Aunque el general Obregón representaba a los grupos radicales de la revolución sonorense, su política buscó un equilibrio similar al que Carranza había llevado en su relación con la Iglesia, permitiendo a la vez a los grupos radicales como la CROM, manifestar sus tendencias anticleriales, y a los gobiernos estatales emprender políticas desfanatizadoras.

El presidente restituyó los templos confiscados durante la lucha armada; asimismo, como con Carranza, el Partido Nacional Republicano pudo continuar sus actividades; en Guadalajara, en enero de 1921, se realizó la coronación de la Virgen de Zapopan, ese mismo años el arzobispo Orozco y Jiménez reanudó las grandes reuniones de principiosde siglo con el Congreso Social Agrícola; al año siguiente se reunió también en Guadalajara el Congreso Nacional Católico Obrero, del que surgió la Confederación Nacional Católica del Trabajo, mientras la Asociación Católica de la Juventud Mexicana realizó su reunión nacional en la ciudad de México. Como parte de esta reorganización de los católicos, la Unión de Damas Católicas realizó también su primer congreso nacional en 1922.

 

Entre todos estos actos, destacó en particular el Congreso Eucarístico Nacional de octubre de 1924, que culminó con grandes fastos y celebraciones en la capital de la República. Los anticlericales reaccionaron, y los empleados públicos que asistieron fueron despedidos.

Por su parte, la CROM se enfrentó de manera directa al clero, amenazando incluso su seguridad. El 4 de junio de 1921 estalló una bomba enfrente del palacio arzobispal de Guadalajara. Aunque la ACJM y los obreros católicos reaccionaron colocando guardias en los templos, diez días después estalló una bomba en la Basílica de Guadalupe.

En los estados proliferaron los enfrentamientos, destacándose por su violencia los de Michoacán, donde el gobierno lo encabezaba el socialista Francisco J. Múgica; Guadalajara donde fueron agredidos los fieles que salían de la misa dominical; y Yucatán, por entonces bajo la gubernatura de Felipe Carrillo Puerto.

Los incidentes rozaron un problema diplomático cuando, en enero de 1923, el Delgado Apostólico, Filipi, fue expulsado del país tras participar en la ceremonia de colocación de la primera piedra del Monumento a Cristo Rey en el cerro del Cubilete. Por entonces se alegó que un extranjero no podía ser ministro de cultos según el artículo 130, y que la ceremonia había sido pública, a pesar de haberse realizado en propiedad privada.

La lista de incidentes menores en otros estados es bastante larga. Baste decir que se trató de problemas entre curas y autoridades municipales, generalmente derivados de actos religiosos públicos que los pueblos defendían aun con la violencia.

A pesar de todo, la moderación que pudo existir con Obregón fue ya imposible con su sucesor, el general Plutarco Elías Calles, quien ganó las elecciones de 1924 con la sola oposición del PNR que nominó al general Ángel Flores.

De entrada se recrudecieron los conflictos en los estados. En Tabasco, Tomás Garrido Canabal y su legislatura habían limitado el número de sacerdotes, y finalmente prohibieron ele ejercicio como ministros de culto a quines no estuvieran casados (18 de noviembre de 1925). En Jalisco, el gobernador Zuno expulsó al arzobispo Orozco y Jiménez y limitó a seis el número de iglesias. Mientras su feligresía se organizó en la dinámica Unión Popular, Orozco terminaba siendo arrestado en San Andrés Tuxtla, Veracruz, tras una entrada triunfal.

El asunto que mayor alarma causó fue el "cisma" de la Iglesia Católica Apostólica Mexicana, patrocinada por la CROM y Tomás Garrido Canabal. El problema comenzó el 21 de febrero de 1925 cuando el secretario general de la citada centrarl obrera, Ricardo Treviño, y el sacerdote español Manuel L. Monge, expulsaron de su sede al párroco de la iglesia de La Soledad, en la ciudad de México, entregándola al autodenominado Patriarca Joaquín Pérez. A esta nueva iglesia se sumaron apenas seis parroquias y trece sacerdotes. Tuvo una vida exigua, casi sin fieles, y siete de sus sacerdotes terminaron reintegrándose al catolicismo. El templo de la Soledad terminó siendo sacado del culto por Calles tras un motín popular el 23 de febrero.

Antes estos incidentes, las organizaciones de católicos laicos terminaron formando la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa el 9 de marzo de 1925, encabezada por Rafael Ceniceros y Villarreal, René Capistrán Garza y Luis B. Bustos. Aunque desde el inicio la secretaría de Gobernación criticó fuertemente el carácter político de esta asociación, ésta logró expandirse en casi todo el país, salvo en algunos territorios marginales del norte y el sureste. La Liga habría de ser el principal conducto de los católicos para enfrentarse al Estado, pero sobre todo para mantener cierta independencia del Episcopado.

 

Aunque durante el año de 1925 continuaron los problemas en Tabasco y Jalisco, a nivel nacional el panorama se mantuvo relativamente tranquilo hasta diciembre, cuando el Presidente envió la iniciativa de ley reglamentaria del artículo 130; al mes siguiente, solicitó además poderes extraordinarios para reformar el Código Penal de acuerdo con la nueva legislación.

El conflictode 1926 acabó por desatarse el 4 de febrero, fecha en que apareció en El Universal una entrevista a Mora y del Río, en términos radicales para el momento, pues retomaba la protesta del Episcopado de 1917 y afirmaba que combatiría la Constitución. Aunque negó haber hecho semejantes declaraciones, el arzobispo fue procesado. El gobierno reaccionó girando instrucciones a los Estados ordenando el cumplimiento literal de la Carta Magna, lo que desató una nueva oleada de enfrentamientos entre obispos y gobernadores durante los siguientes tres meses. Destacaron los casos de Michoacán, Colima y San Luis Potosí, donde se llegó incluso a la suspensión temporal de los cultos, y se hicieron los primeros ensayos de boicot contra el gobierno.

La Santa Sede trató de mediar en el conflicto enviando como nuevo Delegado Apostólico a Monseñor Caruana, quien luego sería también expulsado del país tras una gestión escasamente provechosa, dejando instalado un Comité Episcopal formado por el Arzobispo de México, Mora y del Río, el arzobispo de Morelia, Ruiz y Flores, y el obispo de Tabasco Pascual Díaz. Entre tanto, los obispos de Huejutla y Tacámbaro, los más radicales del Episcopado (José Othón Manríquez y Zárate y Leopoldo Lara y Torres respectivamente) fueron arrestados y procesados tras declaraciones en protesta por la persecución.

En junio llegó finalmente la Ley Calles, que entraría en vigor para el 1o. de agosto. El Episcopado entró en crisis, y ante la diversidad de opiniones, intentó consultar con la Santa Sede, que no contestó sino hasta el 23 de julio, con términos ambiguos. Se impuso al final la postura de los radicales, y el 25 de julio el Episcopado anunció en una Pastoral colectiva la suspensión de los cultos para el 1o. de agosto.

Más decidida fue la actitud de la Liga. Irónicamente, aunque la mayor parte de las organizaciones del catolicismo social estaban bajo fuerte tutela clerical, entre las divergencias de los prelados se había dado espacio a la participación directiva de clases medias, obreros y campesinos. El conflicto que se iniciaba, la Cristiada, acabó siendo una movilización de grupos de la sociedad civil de manera separada de la Iglesia y el Estado, evidenciando las debilidades de ambos, pues ni se seguían los lineamientos de la primera, ni era posible al segundo la erradicación total del movimiento.

Los cultos se suspendieron efectivamente el 1o. de agosto de 1926, y de inmediato ocurrieron levantamientos espontáneos en los estados del Occidente. La Liga organizó un referéndum pidiendo al Congreso la modificación de la legislación, e inició el boicot contra el gobierno, no pudo, en cambio obtener el apoyo de los ricos católicos que hubiera sido indispensable para darle fuerza a la resistencia organizada.

Todavía el 21 de agosto, Álvaro Obregón concertó una entrevista entre el Presidente y dos miembros del Comité Episcopal, Pascual Díaz y Leopoldo Ruiz y Flores. El encuentro simplemente confirmó la distancia ideológica que separaba al Episcopado del Gobierno.

Los levantamiento espontáneos continuaron a lo largo del año, el boicot no daba muestras de ser una presión efectiva, y las negociaciones entre los obispos y Calles habían quedado rotas. Así, la Liga consideró factible optar por la lucha armada, a la que convocó para el 1o. de enero de 1927, con resultados variables - siempre se trató de levantamientos marginales - concentrados en Jalisco, Guanajuato, Colima, Michoacán y Zacatecas.

La fuerza de estos levantamientos, muchas veces organizados por grupos inexpertos de la ACJM y la CNCT, duró poco, el movimiento entró en decadencia a mediados del año.

 

Entre tanto, a iniciativa del general Obregón, se reiniciaron las negociaciones entre el Episcopado y el gobierno. Sirvieron como intermediarios algunos miembros católicos de la élite política como Alberto J. Pani, secretario de Hacienda, los licenciados Simón Ortega y Eduardo Mestre, el ingeniero Nemesio Olvera y el presbítero Macario Román. El primer resultado fue la reunión del obispo Manuel Fulcheri con Obregón en el castillo de Chapultepec el 23 de marzo de 1927, reunión que tampoco tuvo consecuencia alguna.

Entre mayo y julio la Liga reorganizó las actividades militares nombrando nuevos jefes de operaciones, con el general Jesús Degollado Guízar primero, y el general Enrique Gorostieta después. Obregón, mientras tanto, emprendía su campaña para la Presidencia e insistía en buscar una solución negociada; así, se obtuvo una nueva entrevista ahora del Comité Episcopal con Mestre y Alberto Beroni en San Antonio, Texas, en julio de 1927. Tampoco hubo resultados pues las filtraciones a la prensa malograron el encuentro.

En el segundo semestre del año y a lo largo de 1928 la reorganización de los cristeros les permitió realizar una Junta Regional de Autoridades el 22 de mayo, con ello uniformaron su estructura político - militar, e incluso obtuvieron algunos éxitos militares.

Sin embargo, la proximidad de las elecciones y las presiones que hacía el Episcopado norteamericano, obligaron al gobierno a continuar las negociaciones, ahora a través del diplomático de Estados Unidos, Dwight Morrow y del padre Burke, quien se entrevistó con Calles en San Juan de Ulúa en marzo. Tras diversos procedimientos, Calles finalmente se entrevistó con Leopoldo Ruiz y Flores el 17 de mayo, mas las conversaciones se interrumpieron con la muerte de Obregón, asesinado en el tercer atentado en su contra por José de León Toral, católico tiranicida. Fue hasta el gobierno de Emilio Portes Gil que los sucesivos encuentros culminaron en un acuerdo, a pesar de las protestas de la Liga y de la CROM. El proceso se vio facilitado por la muerte de Mora y del Río, la del general Gorostieta, y la proximidad de las elecciones presidenciales. Finalmente, el 21 de junio de 1929 quedaron establecidos los acuerdos que permitieron la reanudación de los cultos, acuerdos que prácticamente se limitaban a promesas y garantías del Presidente, bajo los auspicios de Morrow, pero que fueron suficientes para iniciar el desarme de los cristeros y la Liga.

 

Hacia el modus vivendi, 1929 - 1938.

Los acuerdos de 1929 no pusieron fin a los problemas entre al Iglesia y el Estado, pero constituyeron un intento de ambas instancias de recuperar el control sobre los pueblos que participaban en la cristiada, y las clases medias que apoyaban a la Liga. Era pues una vuelta a la disputa sólo entre el Episcopado y el gobierno como únicos representantes de las dos instituciones

De entrada, el sucesor del arzobispo Mora y del Río, el ex obispo de Tabasco Pascual Díaz y Barreto, promovió la formación de la Acción Católica Mexicana en diciembre de 1929, en ella quedarían integradas todas las organizaciones de laicos. La iglesia celebró su recuperación con gran pompa durante el cuarto centenario de las apariciones guadalupanas. Mientras tanto, el desarme de los combatientes generó nuevas masacres, según los datos de Jean Meyer, el número de víctimas pudo haber superado a las muertes durante los combates.

Pero las circunstancias que habían permitido los acuerdos se modificaron con rapidez. Las elecciones de 1929 las ganó el Partido Nacional Revolucionario pasando por encima del vasconcelismo; Morrow, que fue electo senador tras dejar la embajada en México, murió en 1931, por lo que desapareció la garantía norteamericana; finalmente, los radicales volvieron al poder durante el frágil gobierno de Pascual Ortiz Rubio.

Así, tras los festejos guadalupanos, los anticlericales reaccionaron. En Veracruz, el segundo gobierno de Adalberto Tejeda continuó las persecuciones, una bomba estalló en la catedral de Xalapa, se impuso, como en el Distrito Federal, la reducción del número de sacerdotes; a nivel nacional, se promulgó la Ley de Nacionalización de los bienes eclesiásticos, que sacó del culto gran número de templos; el arzobispo Orozco y Jiménez fue expulsado de nueva cuenta del país; y se impuso el registro de las escuelas y el cumplimiento estricto del laicismo. La "batalla por las conciencias", que apoyaban Calles y Narciso Bassols, tuvo continuidad durante toda la década, y culminó con el establecimiento de la educaciónsocialista, ya en tiempos de la presidencia del general Lázaro Cárdenas.

Ante la gravedad del asunto, en septiembre de 1932 apareció una enérgica protesta de la Santa Sede, la encíclica Acerba animi, de Pío XI, que motivó la expulsión del Delegado Apostólico, Leopoldo Ruiz y Flores, además de una nueva oleada de represión anticlerical en los Estados, que muchas terminaron en enfrentamientos y motines.

La situación llegó a su máximo entre 1934 y 1935, cuando rebrotaron los levantamientos armados, toda vez que el gobierno cardenista comenzó promoviendo directamente la persecución del clero y el cierre de sus establecimientos. Mas las circunstancias se fueron mostrando propicias de ahí en adelante. Cárdenas requirió de apoyo, en su lucha contra Calles primero, y para afrontar la expropiación petrolera en 1938. Aunque para 1936 todavía era expulsado de su domicilio el arzobispo Vera y Zuria, y en Chihuahua se limitó a uno el número de sacerdotes, la cuestión religiosa fue perdiendo importancia en el panorama político. Como sucedió durante las negociaciones de los años 20’s, hubo primero declaraciones para distender la situación, tanto por parte de Cárdenas, como de Ruiz y Flores.

 

El relevo generacional acabó de completar el marco para el modus vivendi. En 1936, José Garibi Rivera sucedió en la mitra de Guadalajara a Orozco y Jiménez, y al año siguiente, Luis María Martínez, michoacano, ocupó la Sede primada en lugar de Pascual Díaz y Barreto. Fueron ellos quienes dieron el último paso cuando hicieron un llamado a los católicos para contribuir con el Estado en el pago de la deuda con las compañías petroleras.

El modus vivendi quedaba establecido prácticamente sobre las mismas bases que en 1929. El Estado no cedía nada en absoluto en materia legislativa, pero tampoco aplicaría la ley. La Iglesia controlaría a sus fieles en la Acción Católica, pero no les permitiría hacer política, ni siquiera la acción social de las décadas anteriores.

 

BIBLIOGRAFÍA.

 

BLANCARTE, Roberto: Historia de la Iglesia Católica en México. 1929 - 1982. México; Fondo de Cultura Económica / El Colegio Mexiquense, 1992

CEBALLOS RAMÍREZ, Manuel: El catolicismo social, un tercero en discordia. Rerum Novarum, la ’cuestión social’ y la movilización de los católicos mexicanos (1891 - 1911). México; El Colegio de México, 1991

GARCÍA UGARTE, Martha Eugenia: "Etapa de intransigencias: la disputa por el espacio social" en Alvaro MATUTE et.al. Estado, Iglesia y Sociedad siglo XIX, México; Facultad de Filosofía y Letras UNAM / Grupo Editorial Miguel Ángel Porrúa, 1995.

GONZÀLEZ, Fernando M.: "Los católicos ’tiranicidas’ en México durante la presidencia de Plutarco Elías Calles, 1924 - 1928" en Historia y Grafía, No. 14. Universidad Iberoamericana, 2000, pp. 105 - 146.

GONZÁLEZ NAVARRO, Moisés: "El porfiriato. La vida social", en Daniel COSÍO VILLEGAS (coord.) : Historia Moderna de México, México; Ed. Hermes, 1956.

MEYER, Jean: La cristiada. Tomo 2. El conflicto entre la Iglesia y el Estado. 13a. ed. México; Siglo XXI Editores, 1994

NEGRETE, Martha Elena: "La iglesia católica en México, siglo XX" en José de Jesús LEGORRETA ZEPEDA (coord.): La Iglesia católica y la política en el México de hoy. México; Universidad Iberoamericana, 2000

O’DOGHERTY, Laura: "El ascenso de una jerarquía clerical intransigente" en Manuel RAMOS MEDINA (coord.): Memoria del I Coloquio de Historia de la Iglesia siglo XIX. México; Centro de Estudios de Historia de México CONDUMEX / El Colegio de México / El Colegio de Michoacán / Universidad Autónoma Metropolitana - Iztapalapa / Instituto Mora, 1998, pp. 180 - 194.

OLIVERA SEDANO, Alicia: Aspectos del conflicto religioso de 1926 a 1929. 2a. ed. México; Secretaría de Educación Pública, 1987.

 

 

 

 

 

 

DAVID CARBAJAL LÓPEZ.


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Benedetti y esa vieja costumbre de sentir

Te quiero en mi paraíso,

es decir que en mi país

la gente viva feliz

aunque no tenga permiso...

Mario Benedetti

Hasta ahora puedo intentar emborronar algunas letras. Lo confieso, estoy anonadado... Creí que lo tendríamos todavía un largo tiempo entre nosotros. No lo juzgué nunca inmortal como a Dalí, porque Mario fue siempre humano, muy humano... Se bajó de la torre de marfil en que se recluyen los poetas y accedió a convivir con nosotros los simples mortales admiradores de su obra. Así, cantó al amor, bebió, rió y comió a más y mejor, pronunció algunas mentiras y dijo muchas verdades, conoció muchas mujeres, pero amó a una sola: a Luz María, la compañera de toda su vida, que al partir de este mundo, se llevó casi toda su vida...
 
Lo mejor que tenía era esa capacidad de ser sincero, que lo llevaba a admitir que hacía rabietas en exceso, que guardaba celosamente ciertos rencores, que le gustaba el fútbol (aunque no tanto quizá como a Galeano y aunque tampoco reveló cual era su equipo favorito), que frecuentaba desde su época de novio cierta cantina, que le caían mal los gringos...
 
No tuve oportunidad de conocerlo personalmente, aunque si hubo alguien en Yucatán que pugnó para traerlo, fui yo. Quizá porque era un poeta de la cotidianidad, que acostumbraba llamar con meridiana llaneza, las cosas por su nombre, fue despreciado por los integrantes del parnaso, de esa selecta elite seudo literaria que lo tildaba de cantilenista y poeta menor. Fue despreciado por los miembros de esas cofradías que únicamente perjudican a los pueblos con sus poses y retórica, porque no era un poeta de los que tristemente abundan hoy: de tonos ambiguos, apariencia afeminada y preferencias pendulares.
 
Mario confesó abiertamente su atracción por las mujeres, su credo socialista, su inveterado ateísmo. Era por definición, todo aquello que puede ser susceptible de esperarse o suponerse de un escritor: ser capaz de la violencia máxima o de la ternura extrema. Yo amaba su ironía y su sarcasmo, ese humor tan ácido, rayano en la crueldad con que podía motejar cuanto pudiera transformarse en blanco de su crítica. Admiré su producción prolífica y extensa; era genial haciendo teatro, magníficos sus cuentos, apasionantes sus novelas, pletóricos de reflexión sus textos ensayísticos, pero su poesía era otra cosa, simple y sencillamente divina, para la cual desde mi particular punto de vista, el idioma tendría necesidad de inventar ex profeso un adjetivo.
 
Aun recuerdo mis ya lejanos dieciséis años, estaba en primer año de bachillerato y habiendo leído a Marinetti, buscaba el ideal estético en el progreso, el vértigo y la velocidad: un auto de carreras en pleno movimiento era más bello que la Victoria de Samotracia y entonces, Dios decidió meter baza y tropecé con él, con Mario... Fue todo obra de la casualidad ¿del azar?, quien sabe... no en balde decía Anatole France que el azar es el seudónimo que adopta Dios cuando no quiere firmar... y ese día no quiso. Era un sábado, de esos en que la inmensidad de la ciudad me hacía pensar en el futuro, el atardecer hervía, jugueteaba con el televisor intentando sintonizar algo que me pareciera interesante y fue entonces que me enredé en los arpegios de uno de los temas más infinitamente dulces que en la tierra existen: si te quiero es porque sos, mi amor, mi cómplice y todo y en la calle codo a codo, somos mucho más que dos...
 
Ignoro si fue el influjo de la guitarra o la cadencia de la interpretación o la trascendencia de la letra, pero quedé impactado, en silencio oré para que el conductor del intrascendente programa de variedades tuviera la lucidez suficiente para revelar el nombre del autor y de la canción. Mis plegarias fueron escuchadas: Te Quiero del poeta uruguayo Mario Benedetti. A duras penas conseguí reprimir mi ansiedad de que llegara el lunes (inusitada aberración para un preparatoriano, pero a veces se dan casos) y apenas posé las plantas en la escuela, emprendí la búsqueda sistemática, metódica y hasta frenética del único ser que consideraba podía informarme a cabalidad: el prefecto, que por su origen colombiano, tendría que darme noticias (lo que es la inocencia; catalogaba Sudamérica como un pequeño vecindario en el que todos sus habitantes, necesariamente se conocían), toda vez que di con el ubicuo personaje, lo cuestioné al respecto.
 
Benedetti es grandioso, tiene un libro que compila toda su obra: Inventario, deberías adquirirlo sentenció. Ni tardo ni perezoso pedí a mi padre que me lo comprase y a partir de entonces, se estableció un vínculo afectivo y de cercanía con Mario. Conocí la historia de su amor por Luz María, sus peripecias políticas, los desencuentros de su exilio y su retorno victorioso al Uruguay. Siempre estuve al pendiente de la publicación de su última obra para incluirla en mi modesta biblioteca. Amé, viví, me ilusioné, sufrí y tuve un hijo con la distante compañía de Mario. Cuando confié a algunos amigos las circunstancias de nuestro encuentro, de cómo por una canción, conseguí un libro tan extenso, muchos tildaron lo ocurrido de locura.
 
Tal vez lo fue, pero me siento orgulloso, de haber tenido esa sublime inconsciencia, esa suprema irresponsabilidad que me hizo dar con el hombre que me alentó a sentir el sendero de las letras... Cuando murió Luz María dije a un amigo: no tarda Mario en seguirla, el suyo es uno de esos amores célebres que excluye la existencia sin el otro... Querido Mario, ahora que te has ido, me has robado las palabras elocuentes e inútiles, que hubiese usado para pretender erigirte un epitafio, recibe pues a consecuencia de su falta, este sencillo homenaje. Gracias por recordarnos a los hombres esa vieja costumbre de sentir...

POST SCRIPTUM.- Gisella, espero que mis letras puedan llegar a tus australes latitudes. Ojalá sea esto de tu agrado. Saludos.

Pues mi querida Isabel, digamos Isabel como en La Vecina Orilla, el cuento de Benedetti, he aquí lo que mi reducido intelecto produce. Saludos cordiales.

Gracias Clau por acompañarme en el árido sendero de la ausencia. Te quiero mucho y tienes un lugar muy especial en mí. Besitos.

Ivonne, ¿Qué me queda? Ya son tres meses y esto duele aun... Me haces falta y te extraño mucho. Te amo para siempre. Besos.

Guillermito: alguna vez hijito, espero que te emociones y vibres como hice yo, con los poemas, cuentos, novelas y canciones de Mario Benedetti, que se fue del mundo para entrar a la inmortalidad. Te amo infinitamente ratoncito cachetón. Besitos.
 
28/05/2009 14:12 Guillermo Barrera Fernández Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Periodismo y Libertad

La razón nos conduce a la verdad
 
La constitución política de los Estados Unidos Mexicanos consigna en su artículo séptimo que es inviolable la libertad de escribir y publicar sobre cualquier materia, por lo que ninguna ley o autoridad pueden establecer censura previa, ni exigir fianza a los autores o impresores, ni coartar la libertad de imprenta (a estas alturas del partido, yo le llamaría mas bien de prensa), que no tiene mas límites que el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública. Al respecto, podemos opinar que cuanto eclosiona de nuestra pluma, puede o no ser susceptible de agradar o no, a nuestro prójimo, pero eso escapa de nuestra capacidad y control como periodistas, lo esencial es decir y hacer lo que en honor a la verdad pensamos, plantearlo de manera asertiva y con ánimo constructivo, buscando siempre el bien común y la estabilidad social.

Es por todos conocidos que son sumamente escasos los medios de información del tipo que sean, llámense impresos o electrónicos, que permiten a sus colaboradores, expresar sus opiniones y puntos de vista con entera libertad y sin presiones de ninguna índole. Lo anterior, debido a lo que por desgracia todos los mexicanos sabemos: que la mayoría de los periodistas carecen casi por completo de ética profesional y de compromisos afectivos, poseyendo en cambio únicamente intereses (inconfesables las mas de las ocasiones).

De esta manera, podemos advertir con facilidad los sectarismos vigentes en la prensa, tendientes a descalificar toda acción o criterio que discrepe de los que postulen sus directores o propietarios. Lo planteado con antelación no alude la filosofía política que fundamenta la corriente de opinión representada por el medio de que se trate, que puede ser de derecha, izquierda o de centro, siendo todas las vertientes posibles dignas de respeto, sino se refiere a los intereses creados que por conveniencia se opta por defender y eso sí, no es saludable bajo ningún concepto.

Es precisamente debido a que los diferentes medios de información o los corporativos en que se agrupan, representan intereses aliados o anexos a los de sus poseedores, que los trabajadores que en ellos prestan sus servicios (principalmente reporteros, editorialistas, editores y caricaturistas) reciben indicaciones exactas de la postura política que deberán asumir (la famosa y malhadada línea) que lo único que provoca es el fenómeno mediático de la desinformación y la distorsión noticiosa de los diversos acontecimientos que se suscitan.

Motivado precisamente por el posicionamiento ideológico del medio en el que desempeñan su quehacer, es que se genera otro fenómeno muy propio del periodismo nacional conocido como el embute, que no es otra cosa sino una suerte de chantaje ejercido por los malos periodistas (no teman, no daré nombres aunque me se muchísimos) a diferentes personajes de la vida informativa, para dirigir las opiniones hacia un determinado sentido o simplemente para enaltecer o denigrar a voluntad una imagen pública (aquí es menester mencionar que entre nosotros los mexicanos es mas temida la llamada muerte social o civil, que la terminación misma de la existencia física, por mucho que presumamos ser muy machos y que la parca nos pela los dientes).

No es posible pasar por alto que en diversos momentos y pasajes de nuestra historia nacional, los periodistas han jugado (para bien o para mal) papeles protagónicos o preponderantes y han podido contribuir de una u otra forma al triunfo o la caída de determinados regímenes políticos. En semejante orden de ideas, tampoco podemos soslayar que los periodistas han sido objeto de actitudes represivas de parte del aparato gubernamental, que la picaresca popular plasmó magistralmente en expresiones como: destierro, encierro o entierro y otras de jaez similar. Muchos periodistas por ende, han perdido su empleo y sido perseguidos, golpeados, encarcelados y asesinados inclusive, por la fidelidad demostrada al cumplimiento de su deber de informar la realidad de los sucesos y merced a la integridad y el apego demostrado a sus ideales de respeto a la libre expresión de las ideas y hacia la pluralidad y la autenticidad del acontecer cotidiano.

El devenir nacional nos ha puesto de manifiesto la abigarrada tipicidad de periodistas existentes, desde un valiente Héctor Félix, pasando por un coherente Armando Ayala, un íntegro Eduardo Menéndez, un plural Daniel Barquet, un incluyente Rodrigo Menéndez, hasta oportunistas y perjuros como Carlos Loret de Mola, resentidos como su hijo Rafael Loret hasta llegar a otros, francamente venales y corruptos, cuyos nombre no vale la pena mencionar, pues esta no es una apología de la traición, las claudicaciones y la defensa de los intereses bastardos (el lector medianamente avezado ya sabe, por supuesto a quienes me refiero). Lamentablemente ninguna publicación esta libre de la presencia de semejantes alimañas en sus filas (y lo peor es que dicho tipo de sabandijas también tiene un público que los sigue).

Es obligación de todo periodista expresarse con propiedad y corrección y no pasar jamás por alto su obligación de constituirse en referente y epítome del lenguaje social. Un buen periodista no debe por ende, demeritar la trascendencia de su labor, utilizando expresiones populacheras o soeces, que denigren la magnitud de su tarea.

En épocas como las actuales, de efervescencia política, el respeto a la ética periodística, el culto a la integridad y el acatamiento a la verdad, revisten ribetes de cuestiones torales para el mantenimiento de la paz y el equilibrio sociales, tan caros siempre para nuestro país.

Los periodistas tenemos el compromiso irrestricto de respetar la vida privada y la moral pública en el ejercicio de nuestras funciones, es lamentable e indignante percatarse de multiplicidad de trasgresiones a esta elemental norma de civilidad y decoro.

Concluyendo, en caso de cualesquier planteamiento u opinión vertido en el ámbito de los medios de comunicación masiva que agravie o dañe a alguien en particular, es primordial y de gente bien nacida, posibilitar el derecho de réplica, dando al adversario la oportunidad de expresar sus puntos de vista. Ojalá en el transcurrir de las actividades proselitistas, candidatos, medios de comunicación y periodistas, demostremos madurez, mesura y caballerosidad. No perdamos nunca de vista, que una cosa es tener libertad para hacer del dominio público nuestros planteamientos personales y otra muy diferente, incurrir en los excesos y abusos característicos del libertinaje y la anarquía mediáticos.

POST SCRIPTUM.- A propósito de intimidación a quienes ejercemos el oficio periodístico (que se limita, según algunos exaltados, a incordiar), recibí el diez de mayo en el marco de la comida que ofrecimos a mi madre, un mensaje de texto inequívocamente dirigido a mí, pues llevaba mi nombre, de parte del candidato de un partido político a diputado federal. La cuestión carecería por completo de relevancia, si no fuera porque el candidato en cuestión no se distingue por el aprecio dispensado al autor de estas líneas, antes bien, varias personas me han contado que le provoco franca animadversión. Me parece preocupante lo reseñado con antelación, habida cuenta que el número telefónico en que recibí el recado, únicamente estaba en poder de familiares cercanos, lo que me hace presumir la intervención de mi teléfono celular, mi correo electrónico, los sitios de las diferentes redes sociales que integro, mi correspondencia y todo aquello relativo a mi persona y la expresión de mis afectos o preferencias, de parte de piratas cibernéticos o de equivalente laya. Me reservo por el momento, el derecho de hacer público el nombre del candidato y el partido político que eventualmente habrían violado mi privacidad y manifiesto que de persistir estas irregularidades, recurriré a las instancias jurisdiccionales competentes para proceder conforme a derecho corresponda y hacer todo del dominio público, en aras de resguardar y preservar el sagrado derecho a la intimidad que todo ciudadano tiene. Lo que si deseo que quede muy claro es que los chantajes conmigo no van. Ojalá y quien envió el mensaje de marras, tenga la amabilidad de ponerse en contacto conmigo, para informarme como obtuvo mi número celular personal. Sabe donde encontrarme.

Felicitaciones a la maestra Dolores Rodríguez Sabido por su reciente incorporación a la cámara de diputados. No obstante haberle tocado el cierre de la gestión legislativa, Yucatán gana una representante de elevada estatura moral y destacada capacidad profesional. Yucatán es una entidad afortunada por ganar en su persona y la de Ismael Peraza Valdez, aunque desde diferentes trincheras, dos legisladores preocupados por el progreso de su patria chica. Mucho éxito maestra Loló y un abrazo fraterno, Ismael.

Que fabuloso es el reencuentro de dos personas que hablan un lenguaje común, ¿Verdad Elina? Saludos cordiales.

Guillermito: papá intenta darte el ejemplo de la coherencia y el compromiso necesarios en los principios y los afectos. Pido a Dios me de fortaleza para nunca decepcionarte. Te amo infinitamente ratoncito cachetón. Besitos.
 
15/05/2009 00:07 Guillermo Barrera Fernández Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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